martes, 21 de febrero de 2017

La monja espadachín




LA MONJA ESPADACHÍN

Freddy Céspedes Espinoza
España, 1595, nace Catalina de Erausso, la más famosa monja Alferez que vino a la América a mostrar su valentía en la guerra de la conquista; su espada fulgió en muchas peleas de tabernas y callejones para ajusticiar a los ladrones, bellacos y todo lo que ella consideraba peligroso.
Del convento al galeón
A los cinco años de edad, ya estaba interna en un convento, pero cuando ya iba a recibirse de monja a los quince, decide escapar del claustro vestida de hombre, refugiándose en Valladolid, para luego partir en un galeón con uniforme de soldado hacia América.
Ya en Trujillo, Perú, con el nombre de Alonso Diaz Ramirez de Guzmán, se alistó como soldado en una expedición militar a Chile, donde demostró su fiereza y habilidad para empuñar la espada.
Ya ascendida al grado de Alferez por su temerario valor, intrepidez y fortaleza, la ex monja, tuvo que lidiar con un oficial a quién lo mandó al otro mundo con un certero cuchillazo.
En otra ocasión, un sujeto la molestó amenazándola de muerte, no se inmutó y acto seguido, se avalanzó contra su rival y de un golpe certero, le cortó la cara.
Con destino a Potosí
Ya fugitiva y en compañía de otro soldado, cruzó la Cordillera de Los Andes a caballo dirigiéndose a Potosí, y en el camino mataron a dos individuos que intentaron asaltarles.
En Potosí, volvió a cortar la cara a otra persona, esta vez a una mujer, quién había ofendido a una amiga suya, y por dicha razón fue condenada a servir por diez años en chile sin gozar ningún sueldo para su escarmiento, pero la Audiencia de Charcas, mandó a ponerla en libertad.
Cochabamba no se salvó
Ya en Cochabamba, mató de una estocada a Pedro Chavarría en el templo. Unos frailes la condujeron al convento y allá permaneció oculta cinco meses.
Siempre con la aventura sobre las espaldas y escapando de sus fieros enemigos, desmonta en La Paz y el primer encuentro agrio la esperaba. El criado del corregidor le arrojó el sombrero sobre la cara, y sin pensarlo dos veces, Catalina le clavó una daga en el pecho despachándolo al cementerio.
El corregidor, la envió a la cárcel, y la puso en capilla, acto seguido se confesó por dos días, el sacerdote que escuchó su confesión quedó espantado, al saber que el intrépido soldado, era nada menos que una mujer de armas tomar.
Tal fue el alboroto por este descubrimiento que la sacaron en procesión. Un clérigo le lavó las manos dejándola en el templo para que se arrepintiera, pero nuevamente se escapó y apareció en el Cuzco donde la hirieron de gravedad, confesando nuevamente a los incrédulos clérigos su verdadero sexo.
Una vez repuesta de sus heridas, volvió a España y el rey, la premió con una pensión vitalicia por los servicios prestados a la corona; también el Pontífice Urbano VIII, le dio licencia para seguir vistiendo el traje de hombre y le recomendó sólo “En conservar su virginidad”. La monja Alferez Catalina de Erausso murió en Nápoles en 1626.

FUENTES
LLANOS Aparicio, Luis.
ESTAMPAS ANTIGUAS DE LA PAZ


sábado, 18 de febrero de 2017

El compañero Mamani

EL COMPAÑERO MAMANI
El más grande agitador de masas de los 80

Freddy Céspedes Espinoza
Allá por los años 82-83-84 las marchas y los dinamitazos cobraron fuerza descomunal en las calles de La Paz, con  el estallido y destrucción de  adoquines que tachonaban las calles empedradas.
El descontento contra el gobierno de Hernán Siles Zuazo era pan de todos los días, era  imposible parar la crisis.
Su gobierno seguía emitiendo papel moneda sin respaldo económico para acallar los estómagos de la gente, que se retorcían por la escasez de alimentos. Tocamos fondo con 25.000% de inflación.
Los jóvenes de entonces, debían  soportar la crisis haciendo cola desde las 2 de la mañana hasta las seis para diez panes. No había carne, aceite, huevos, verduras; tampoco buenos sueldos; con mi primer emprendimiento empresarial de venta de balas de revolver, me compré un jean.
Había tal demanda de proyectiles argentinos,  que un amigo me vendía balas al raleo, que los financiaba rápidamente, ya que existía demanda de potenciales suicidas para acabar con su vida.
¡Carajo! la crisis y el gobierno hambreador de la UDP Y EL MIR, ni se inmutaban.
Se acuñó la frase “ Gobierno hambreador”, todos repetían; los dirigentes sindicales, los troskos, los políticos, los mineros, los fabriles hasta el compañero Mamani.
Pero ¿quién era este singular personaje?
La primera vez que lo vi fue en una marcha de la COB, iba al frente de todos, y era el que primero recibía la furia de los pacos. Pero aún así les gritaba sus verdades como: " Pacos Calamarqueños" haciéndoles recuerdo de su pasado gansteril, cuando el comandante, era cabeza de un asalto a la remesa de sueldos de los mineros,  allá por los años sesenta,
Y seguía gritando contra el gobierno, contra los militares, a quienes llamaba gorilas,  contra los burgueses, contra los animales con corbata, así los llamaba a los burócratas; contra los fascistas, contra los traidores del partido Comunista, contra todos; es decir nadie se salvaba.
El Atrio de la UMSA era su palestra. Desde la altura de la puerta principal, arengaba su discurso, cual Lenín Aymara, y los jóvenes solíamos quedarnos a observar, apoyar y aplaudirlo, entre sonrisas.
Nos quedamos extasiados para estudiar su comportamiento y su léxico bien utilizado, aprendido de los discursos de Marcelo Quiroga Santa Cruz, Jaime Paz o de los pícaros oradores de la nada.
Hasta parecía el próximo candidato presidencial, manejaba muy bien el manifiesto comunista, citas del Capital de Marx, y la revolución del proletariado.
Descansaba, tomaba aire cual pensador; y retomaba la arenga contra el imperialismo Yanqui, contra el Che y contra todo lo que consideraba ser enemigo de la clase obrera.
Era de complexión delgada, su corte de cabello era a tijera libre, llevaba un saco corto de mangas, un pantalón de terno y tennis, que esa época eran conocidos como Kids con caña.
Ese era mi orador, el compañero Mamani.
Ya  no está más entre nosotros, me dijeron que se murió hace mucho tiempo.
Sus discursos fueron copiados por muchos y no respetaron derechos de autor;  algunos no le cambiaron ni una sola coma, sus pensamientos siguen vigentes en la actualidad y hay seguidores del mismo, que me hizo recordar a este singular personaje.
Se perdió, el candor de las marchas, pues marchaba al frente de la COB, llevando su gigante pancarta, animaba, gritaba, se desgañitaba por su ideal socialista.
¡El compañero Mamani, estaba loco!...

viernes, 17 de febrero de 2017

El fantasma del río

Un viaje hacia lo desconocido
Freddy Céspedes Espinoza

Bolivia es un país atractivo para los fotógrafos de todo el mundo por su diversidad paisajística y antropológica,  despertando interés a los profesionales de la fotografía para retratar un Aymara fornido, un Chimán semidesnudo o un wanayek del Chaco en el Pilcomayo.
El objetivo era claro, debíamos recorrer el país durante un mes, fotografiando a seres humanos que no hubieran tenido un contacto con lo Occidental, que hayan mantenido sus valores y conocimientos ancestrales impolutos, que su vestimenta sea de interés y los rostros también, puedan ser publicadas en una revista comercial a nivel mundial.
Es que la comercialización de la cultura,  los rostros humanos y la globalización de los medios, han convertido a la fotografía en un buen negocio manejado por transnacionales a través de las diferentes revistas impresas y de las nuevas tecnologías.
Recorrimos el país, visitamos comunidades Aymaras alejadas, el común denominador,  era que ya no utilizaban el poncho en su vestimenta, habían cambiado por la chamarra acompañada de una gorra deportiva Nike.
Las mujeres hablaban por celular; es decir que ya no existía Aymaras hombres,  que guarden su vestimenta, pero sí estaba latente el valor genético de su dureza somática y sus viejas organizaciones de comunidades y Ayllus. El Aymara dirigente de sus comunidades,  se había convertido en líder político.
Ya no se podía tomar fotografías reales, sólo nos limitamos a decir; que la globalización había hecho estragos en las culturas; me dio la razón la realidad.
Estuvimos en El Altiplano, en los valles de Cochabamba y Sucre, en el Chaco, en Ibibobo, en Villamontes y terminábamos el trabajo en Arque, una población cochabambina a orillas del río del mismo nombre.
El nombre del fotógrafo de la National Geographic era Atila, hombre fornido y joven de unos cuarenta años, llevaba  una barba rala y una larga cabellera que le caía sobre las espaldas  que la controlaba mediante una cola.
Atila fotógrafo, era descendiente de Atila, el bárbaro de los Uhnos, que habían arrasado Europa. Procedía de la lejana Hungría, iba cámara en mano por los rincones más difíciles, hasta que llegó Semana Santa para la solemne misa en Arque; posteriormente,  decidimos ir a explorar por el cañadón del río,  en una interminable planicie de lodo seco y piedras centenarias que fueron arrastradas por los turbiones.
Las viejas rieles del ferrocarril estaban suspendidas por los aires, por debajo de ellas corría el río. Un pueblo hermoso con ceibos y flores, gente tranquila; fue uno de primeros pueblos fundados por el José Antonio de Sucre en 1827.
Subimos por el río una hora, Atila, su novia, el chofer Mario y yo hasta encontrar las conocidas aguas termales que nos recomendaron en el pueblo. Disfrutamos por un largo momento.
Ya al retorno el cañadón comenzó a oscurecer más rápido que los cerros,  donde todavía se podía ver un sol anaranjado.
Un viento helado corría suelto a través de la planicie del río formando pequeños tornados que aparecían y se esfumaban cuando ascendían unos cuantos metros.
Un viento helado recorrió mi espinazo, y decidí ir adelante, detrás Mario, Monika y Atila que se había retrasado; tal vez con ganas de estar solo, para ir al baño.
Así recorrimos 500 metros y ya casi caía la noche. De pronto oí gritar a una persona, era un grito de terror.
Seguí el paso, luego aceleré y por detrás mis acompañantes; Atila no aparecía, en fin nadie se perdería en un río y Arque estaba sólo a un kilómetro y las luces del pueblo, ya parpadeaban tímidas a las sombras de la noche.
Llegamos al Pueblo, pero Atila no aparecía, me entró una corazonada y decidimos volver al encuentro del barbudo. Pensé que tal vez lo habían asaltado por quitarle su cámara; así que aceleré el paso y mis cabellos se erizaron al escuchar nuevamente un grito de terror, luego otro, y otro….Estaban matando a Atila.
Oí voces, jadeos gritos y más gritos, corrí armado de una inmensa piedra en la mano, era el instinto más primitivo de defensa que llevamos en el inconsciente colectivo los hombres. Corrí y al dar la vuelta a una vieja casa que el río se había llevado, vi a Atila ensangrentado gritando y  peleando con la sombras. Tomó su cuchillo y al intentar dar un último golpe se había herido el brazo.
¡ Atila, Atila grité! Mónika venía por detrás sollozando  desesperadamente. De pronto paré en seco, Atila me miró, hizo el ademán de atacarme y cayó desmayado al piso.
Corrí y lo desarmé. Ya pasó, ya pasó le dije y comenzó a lagrimear como un indefenso niño.
¿ Qué pasó Atila?, despierta, reacciona Atila que pasó, estás herido.
-Quiso pararse y se lo impedí con todas mis fuerzas. Me dijo: - están allí, allí, ves, son los dos militares que quisieron matarme. ¿ Dónde?. ¡ Allí allí. se están alejando con sus chamarras  los militares. Los militares
No hay nada Atila, están allá y nos miran me contestó tembloroso.
¡Están allá musitaba, están allá, están allá repetía mientras caminaba apoyado en mí brazo, como si estuviese completamente borracho. ¡ Están…..
Recorrimos unos doscientos metros, y nuevamente un extraño frío recorrió mi cuerpo, Atila ya algo más tranquilo me dijo, ya no están, ya no están; se fueron.
Di la última mirada y con espanto descubrí una gran cruz de madera en las márgenes del Rio. Era el lugar donde cayó el helicóptero y murió  ex presidente del país René Barrientos Ortuño en 1969.
!Atila nunca más volvió a Bolivia!

miércoles, 15 de febrero de 2017

Meteoritos en el Altiplano Bolivia

Meteoritos en el Altiplano
Freddy Céspedes

Voy recorriendo el Altiplano desde hace mucho tiempo, no sé si existe esa atracción letal de tierra, montaña, viento, frío y espiritualidad; ni siquiera me atrevo a reflexionar, ya lo hice muchas veces y llegué a la nada. Llegué  a sentirme indefenso cuando el motor del coche se paró de súbito en medio del Salar; también  fui libre caminando las altas montañas de Apolobamba y las planicies interminables de rocas, sedimentos y bofedales donde viven vicuñas y alpacas.
Ese Altiplano, terror de los que suben desde las tierras bajas, viajeros del pasado que se atrevieron a cruzar sin conocerlo; está en mi mente el bravo Diego de Almagro que se arriesgó a desafiar y perder cientos de hombres en esa famosa expedición a Chile.
Todavía siento los cascos de sus caballos, los pocos que aguantaron la sequedad, el desierto andino, los fríos nocturnos, los labios partidos de los soldados y los dedos que se caían cuando se sacaron las botas.
Ese Altiplano que enloqueció a españoles, aventureros ingleses, yugoslavos, franceses y alemanes que aprendieron a deleitarse con el brillo de la plata y el estaño de las minas ubicadas a más de cuatro mil metros, a esos sacerdotes que fundaron iglesias en medio de remolinos y polvo, a llameros que cruzaron sus planicies llevando sal.
Altiplano duro paisaje, cientos de personas llegan desde la lejanía de los continentes para observarte, sentir tus fríos y males de altura.
¡Qué atracción fatal despiertas en los hombres!.
Para otros no tienes atractivo, eres cruel, tediosa y monótona. No te mueves,  eres estática sin color, no tienes labios, pero,  sí curvas sensuales en la lejanía de tus montañas.
Pero a ti Altiplano,  te golpearon por millones de años. Atraes hacia tu suelo cientos de meteoritos que cayeron primero en tus planicies antes que otros lugares. Tu altura era propicia para sentir los golpes de lluvia de bólidos que dejaron lunares profundos como en Jayu-Khota cerca a Salinas de Garci Mendoza. Te dejaron como hijo,  un gigante cráter.
Cerca a Laguna Colorada, tu hermana perdida,  también cayó en medio de la montaña, dejando el rostro del Altiplano con golpes y oquedades.
Los volcanes te dieron forma, sus líquidos pétreos engendraron en ti, figuras escultóricas amorfas, otras crearon ciudades de piedra cual seres mitológicos petrificados que esperan el momento propicio para alzar el vuelo o correr.
Pero esos meteoritos que cayeron sobre ti,  están todavía en tu suelo; algunos al estrellarse se desintegraron en fragmentos de hierro y niquel, otros permanecieron estáticas por millones de años hasta que los hombres descubrieron su utilidad.
Meteoritos pesados, parecen simples rocas, pero tienes tu peso en hierro y otros metales, eres fuerte y puedes con un golpe volver una piedra en puntas de flecha o construir Tiwanaku.
Te utilizaron desde hace miles de años, te dieron diferentes usos los hombres como instrumentos de percusión y proyectiles, las mujeres como morteros ( batanes) o mejor dicho como Morokh´os.
El Altiplano está lleno de meteoritos, vayan busquen la herencia de las abuelas que dejan a las hijas, ahí están los meteoritos convertidos en Morokhos, estuve en las regiones de Oruro Sucre y Potosí, y la mayoría están tirados en un rincón del patio.
Meteoritos convertidos en Morokhos, lindo fin de rocas y hierro que estuvieron girando por el sistema solar hace 4500 millones de años. Esos meteoritos están vivos en las casas de muchos bolivianos.


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lunes, 13 de febrero de 2017

El Látigo Negro terror de los guías

EL LÁTIGO NEGRO
TERROR DE LOS GUÍAS DE TURISMO



 El Látigo Negro, mítico personaje que tuvo su émulo en Tiwanaku

 Freddy Céspedes Espinoza
En la década del ochenta del siglo pasado, hacer turismo en Bolivia era mucho más divertido, no había tecnología, pero sí  caminos en forma de calamina y a falta de puentes sólo los valientes osaban cruzar el mentado Lloco Locko, río que se había llevado muchos Taxi Service, con turistas abordo y rescatados por los colegas del volante,  río abajo.
Singulares personajes que formaban parte del círculo de esta actividad tenían vida propia. Habían choferes que fueron ex combatientes de la guerra del Chaco, dueños de algunas Agencias que trataban a sus guías como a siervos de la gleba y distinguidos caballeros como el el Dr. Alberto Laguna Meave, discípulo de Ponsnansky, que acompañaba guiando a personajes  en materia de arqueología y esoterismo masónico.
Eran tiempos de transición entre los amantes de la dictadura y demócratas que se ufanaban de haber sido torturados por los militares.
Por otra parte producto de la guerra fría y las guerrillas de Valle Grande, algunos viejos soldados que habían hecho correr a los guerrilleros cubanos y haberse enfrentado cara a cara contra los barbudos, volvían satisfechos de haber cumplido con la patria. Habían eliminado al Che.
Uno de éstos era ex rangerista,  era el Látigo Negro.
En mi primer tour a las Ruinas de Tiwanaku, hoy quieren llamar sitio arqueológico, eufemismos, más o menos, sigue en ruinas el sitio arqueológico.
Llegué a las ruinas y Dn. Rufino Sanjinés, chouffeur de turismo, me advirtió: “ Vas a tener cuidado con el Látigo”.
No conocía al temido Látigo, ni quería conocerlo, me habían comentado que era un Ex combatiente de Ñancahuazú y estuvo en las guerrillas en primera línea.
Durante los años setenta y los primeros años de los Ochenta, había sido uno de los primeros guías Autodidactas con una verdadera pasión por la arqueología que lo sedujo y se quedó a guiar en el sitio.
Su amplio conocimiento de historia, arqueología, antropología y acucioso en los informes de  excavaciones que realizaron los arqueólogos, le permitió tener un conocimiento amplio y profundo sobre la cultura.
Visitantes como Erick Von Denniken,  se alojó en su casa de la población de Tiwanaku, dieron a Látigo su lugar de primer guía del sitio.
Tanto diplomáticos y embajadores, llegaban a Tiwanaku y buscaban directamente al renombrado Guía para un tour detallado y profesional.
Su pasión por Tiwanaku, lo había llevado a ser un verdadero guardián de la información científica y no cabía en su mente errores como: “Cuando los Incas llegaron, a este lugar construyeron Tiwanaku”. Le enervaba los disparates que hablaban los guías sin escrúpulos que decían que  “habían amasado la piedra, con ciertos líquidos que los extraterrestres habían vaciado en moldes”,
“Para construir  Tiwanaku,  los gigantes habían puesto piedra por piedra”; es decir había que lidiar contra los imbéciles afirmaba.
Ahí estaba el Látigo Negro, pseudónimo que le pusieron, sus detractores o amigos, para referirse a su persona.
Este Látigo Negro era en el cine mexicano, un héroe de características similares al  Llanero Solitario, o el Zorro,  pero con la diferencia que utilizaba el látigo para derrotar a los malvados.
Nuestro Látigo Negro estaba al acecho para escuchar las explicaciones de los Guías de turismo que viajábamos desde La Paz, si no le parecías convincente, ya te esperaba serio al otro día.
Mi encuentro fatídico fue en el Templete Semi- Subterráneo.
El Látigo, Caminaba como Texano, calzaba botas, un abrigo negro le daba un aire de pistolero, una bufanda y un sombrero del Far west, completaba su figura de dueño y señor de Tiwanaku.
Se acercaba a escuchar tus explicaciones, evaluaba tu léxico, el manejo del grupo y sobretodo la calidad de información, más que la cantidad de palabras de los farsantes.
Luego que terminabas, se acercaba y te decía: “Está bien tu información” y se alejaba tranquilo y desaparecía en la nada, tal como había aparecido.
UFFFF. Pasé el examen me dije. Una  vez que te había evaluado, ya no te molestaba y se iba tras la caza de algún otro guía, que tan sólo al verlo, comenzaban a tartamudear.
Pero me dirán, ¿por qué no le hacían frente al Látigo?. Los valientes que se amotinaron, varios de los guías que ya están maduros, se encontraron con la horma de su zapato, pues el látigo, muy gentilmente les decía: Deja a tus pasajeros en la vieja cabaña y salí si eres hombre.
Esas palabras sonaban a humillación y algunos salían a encontrarlo al Látigo, pero volvían literalmente maleteados, revolcados y con el ojo en tinta. En resumen, les sacaba la Crisma.
Otros, le prometían que saldrían a enfrentarlo y terminaban huyendo a toda velocidad en los coches.
Hay muchos Guías de Turismo, que deben todavía recordar la pateadura de Látigo, también recordarán muchos Guías peruanos que ingresaban a las ruinas y aparecía por detrás para “persuadirlos”.
“ Su credencial por Favor”. ¡¿Usted es Guía? Le preguntaba, sí, sí en el Perú.
Ah pero no aquí, así que si no quiere problemas contrate un guía que sepa explicar Tiwanaku.
El látigo Negro,  Terror de los Guías farsantes, manejaba la persuasión a través del miedo.
Cualquier guía nuevo que ingresaba a trabajar, tenía que tener el conocimiento profundo y  necesario, si no era así, por lo menos debía tener los cojones bien puestos, o atenerse a las consecuencias.
El Látigo Negro Vive y se llama Edgar Hernández Leonardini.

domingo, 12 de febrero de 2017

Mi estrella Fugáz

Mi estrella fugáz
 Freddy Céspedes Espinoza
La vida tiene sus matices, sus aromas y alegrías; te observo y sé que  existías en mis fríos de soledad, en mis pensamientos abstractos, donde las estrellas fugaces bajaban con su larga cabellera hasta perderse en la oscuridad.

Nada más hermoso que ver caer las estrellas, muchos poetas, enamorados, pintores y cantantes se inspiraron en este fenómeno y que va ocurriendo constantemente desde  los últimos 4500 millones de años.
La vida tiene sus matices, sus aromas y alegrías; te observo y sé que  existías en mis fríos de soledad, en mis pensamientos abstractos, donde las estrellas fugaces bajaban con su larga cabellera hasta perderse en la oscuridad.
Hasta parezco poeta me dije, al observar cómo una noche de campamento,  allí cerca al nevado condoriri, fuimos testigos de una lluvia de meteoritos que caían cada cierto momento, dejándonos felices de tan bello encuentro. Allí soñé contigo toda la noche.
Llegaste así, pero no  perdiste tu brillo, iluminaste mi vida aunque tenuemente, surcaste mi espacio,  te acercaste y absorto descubrí tu belleza, tus cabellos y el néctar de tus labios.
Y me dormí tranquilo.
Felizmente llegó el día y la voz del arriero, turbó el silencio: “ Levantarse cojudos”, ya llegó un nuevo día, gritó feliz a los cocineros con su voz de conscripto. 
Desperté con unos gritos de desesperación, el cocinero no se levantó de su carpa, vanos fueron los esfuerzos para ponerlo en pié, había congoja y pesar estaba tieso.
Nadie se explicaba qué había pasado, el más osado, lo jaló de los pies sacándolo de la carpa,  envolvieron su cuerpo en una frazada  y  lo alzaron en su mortaja de frazadita Polar.
Estuvo uno minutos en el suelo envuelto como momia egipcia, hasta que se oyó un suspiro, luego dos y tres, y tosió expulsando a su novia, la muerte. Pidió agua y se levantó asustado y tranquilo; estaba volviendo a la vida.
Nos relató luego,  que cerca al amanecer una de estas hermosas estrellas fugaces, se había enamorado de Martín y cayó en la puerta de su carpa, envolviéndolo con su aroma cósmico y seduciéndolo a dormir con ella para siempre.
Ese gas estuvo millones de años dando vueltas en el espacio e ingresó a la tierra, hizo fricción con la atmósfera y cayó justo en la entrada de la carpa. No murió Martín, pero fue acariciado por la bella diosa Warawarani, muy conocida en en mito de las montañas y lagos andinos.

sábado, 11 de febrero de 2017

Las momias en el Volcán Thunupa


  Volcán Thunupa y las momias

Freddy Céspedes Espinoza

Subo por  un camino sinuoso con rocas volcánicas formando un callejón que asciende hacia el volcán Thunupa. En la lejanía,  fuertes vientos  vienen arrastrando su éxtasis de  nubes multicolores que se entrelazan y bajan en forma de tornados para danzar rítmicamente;   revolcarse  entre los  pajonales desérticos y  ocultarse en  riscos montañosos;  en las  oquedades de las cuevas  y  terminar extenuados en  el lecho blanco del salar.

Estos vientos corren hacia las cuevas de los alrededores del salar que sirvieron  hace miles de años como abrigos naturales para los primeros habitantes.

Estos vientos ingresan a  sus oquedades para despertar el espíritu de las momias de Coquesa que yacen pensativas viendo el paso del tiempo.

Para los arqueólogos son momias de habitantes del salar y alrededores, que tuvieron un rol de dirección en sus comunidades y éstas,  preservaron sus cuerpos para el recuerdo de la memoria colectiva.
¡Para otros no están muertos!
Son seres iluminados,  fueron desde hace cientos de años,  los guías de estos pueblos.
Emiten luces  en las alboradas y crepúsculos, andan sueltos entre el cosmos y la tierra, entre los diferentes periodos geológicos antidiluvianos.
Llevan el cuerpo transparente y el espíritu llano, muy relacionados entre sí y  los volcanes, andan interconectados por energías que conducen hasta el mar para perderse y emerger en terremotos y tsunamis.
Estas montañas son la energía de los abuelos, Apus o Achachilas encarnados en las momias que descansan con vista hacia el infinito.
Desde la base del volcán se observa  puertas hacia el cosmos, una de ellas está  a 5300 mts,  sólo pueden llegar los elegidos que ya no están vivos físicamente,  sólo acceden los que durmieron el sueño cósmico.
El  brillo de esta montaña,  despide destellos  tiene la forma de conchas nacaradas de rojo ,  purpura y amarillo que actúa como  imán hacia el túnel para hacer los viajes al  cosmos.
El sueño cósmico es tu yo vivo,  con lo inmaterial del universo, es el agujero negro  que te mueve hacia arriba o abajo en tornados que te elevan y te dejan caer en el universo  o  vas viajando por cientos de años hasta perderte en la planicie del salar.
Sus cabezas alargadas y deformadas son la fuerza y hálito del cosmos;  fuerzas que amplían la capacidad del conocimiento inmaterial de las constelaciones en el mapa de su cerebro.
Son seres transparentes;  puedes ver su cerebro  que palpita y  van flotando por mi alrededor mirándome  con sus ojos negros, casi verticales y con la nariz sin cartílago.
Estoy descubriendo  las momias que no son sólo huesos y carne, son deidades que protegen el templo  celestial , son guardianes  que despiertan de su letargo cada noche y  que recorren el volcán.
Son seres misteriosos, llevan vestimenta  plateada,  y provistos de fortaleza que les permite desplazarse hacia el  cordón energético de Azanaques y conectarse con el Illimani.
Suben y bajan, se desplazan silenciosos, no son visibles pero están allí,  esperando el momento para tocar el  inconsciente colectivo de los seres,   e ir a su reencuentro en el más allá.

Los Mokho Karas o Thili Runas siguen vivos

  LOS MOKHO KARAS O THILI RUNAS SIGUEN VIVOS Freddy Céspedes Espinoza Cuando Francisco Pizarro tomó prisionero al Inca Atahuallpa en...