viernes, 31 de julio de 2020

ANÉCDOTAS DEL CUARTEL

 


NI LA CUARTA PARTE DE LA SOMBRA DE LA COLA DEL PERRO

Freddy Céspedes Espinoza

Ya les reflexiones están por demás. Este libro no fue escrito para comprender a profundidad el momento político de los años ochenta, ya que muchos historiadores, políticos y periodistas, tocaron el tema de manera brillante.

La  idea de escribir estas anécdotas se debió, al encuentro con Jorge Dulón, amigo de colegio y compañero de cuartel, a quién le lesionaron la espalda a puro palazos.

Este encuentro, sirvió para rememorar nuestras experiencias y llegamos a la conclusión, que los milicos de los años ochenta, nos habían partido el culo a palazos  en los  tres meses que duró el servicio Pre Militar dentro el Cuartel de Guaqui.

"Cojudo sarnoso, no eres ni la cuarta parte de la sombra  de la cola del perro". "Después del perro vos,  y si no quieres servir a tu patria te vas, pero vestido de chola".

Con esa amenaza, nadie quiso salir vestido de travesti  andino y   soportar las agresiones con palo, patadas y cortos.

Este libro se escribió a la memoria del Pre Militar,  Sergio Durán compañero Antoniano,  a quién le dispararon un tiro durante la instrucción y que el tiempo borró su sangre, pero sus ojos seguían mirandome, cuando ya era cadáver y permaneció en el  cuarto oscuro de mis recuerdos, durante años.

Muchos de nosotros habíamos soportado sin querer, uno de los momentos más interesantes en nuestras vidas haciendo el servicio pre militar el año 1981-1982.

Obviamente que no podías quejarte como ahora ante Derechos Humanos, la Iglesia o a la Defensoría del Pueblo.

Además, porque en ese tiempo, estábamos bajo un régimen dictatorial y los actores de este momento político eran militares, que querían demostrar su alto espíritu nacionalista, anti marxista, su poder ante la sociedad y su orgullo de vestir el uniforme; obviamente los Derechos Humanos,  no cabían en los cuarteles.

Qué les iba a importar, ya que a sus representantes también los metieron presos.

En 1980 se denunció que el Padre Julio Tumiri Javier, sacerdote de 69 años Presidente Nacional de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos, fue tomado prisionero por agentes civiles armados de metralletas y llevado al Departamento II”.

Pero el objetivo de este pequeño libro, no es hacer historia, ni mucho menos pretende aproximarse a un trabajo académico. Fue escrito en mis noches de tranquilidad, fumando un cigarrillo, sentado frente a la estufa y pijchando coca, para que fluyan mis recuerdos y mis viejas anotaciones de un cuaderno escolar, que guardé por un cuarto siglo en mi maleta de sarna.

El lenguaje empleado tiene aliento cuarteril y olor a botas. Nunca imaginé dedicarle más tiempo a este duro, pero hermoso momento de mi vida,  pero viendo a mis dos hijos crecer, quise escribir para ellos y para todos los jóvenes que quieran darle una mirada a la época de los Golpes de Estado el Toque de Queda y la época de los milicos sin miedo.

Hay demasiados libros serios, y como tales, los jóvenes ni los abren.

El tiempo pasa y todo cambia, espero que haya cambiado la visión del servicio militar en Bolivia y nos proyectemos a tener un ejército más profesional en todos los niveles.

Cuando ya le daba una último vistazo al libro, nos llegó la noticia que el  Sargento Valeriano Valencia había dado muerte a patadas  al soldado Carlos Morales el 15 de Agosto de 2008.

 Golpes de Estado y    militares

Todo había comenzado  con el Golpe de  Alberto Natush Busch. Corría el año 1979  y estaba en Segundo Medio;  llevaba melena como la mayoría de  los estudiantes. Ese año clausuraron la gestión escolar  y pasé a tercero Medio.

Se había consolidado a medias, el golpe de Natush Bush en la madrugada del 1 de Noviembre y en el Prado balacera emocionante, la gente corría asustada e incrédula por las calles adoquinadas de la Avenida Mariscal Santa Cruz, escapando de las ráfagas.

De lo estrictamente militar del 1 de Noviembre de 1979, sólo quedan recuerdos de mi  juventud,  esos hechos vergonzosos de los Golpes de Estado.

Para bien de los niños y jóvenes,  que nacieron en los noventa, envueltos en pañales democráticos, para ellos, los gobiernos militares, quizás nunca existieron.

Yo el Supremo de Augusto Roa Bastos o El Otoño del Patriarca de Gabriel García Marquez, nos transportaban en sus novelas con personajes golpistas o dictadores que se encaramaban a la presidencia como garrapatas, sin importarles las consecuencias de los muertos, heridos y desaparecidos.

En Bolivia hubo un dictador en especial, prisionero de su paranoia, que despertaba  miedo tan sólo al escuchar su ronca voz; a la vez pausada; este era Alberto Natush Busch.

No era alto,  igual a su maestro Hugo Banzer. Natush Bush, fue en algún momento del gobierno banzerista, su  ministro de Asuntos Campesinos. 

Ya en el desenlace del golpe, los tanques de guerra, y los carros de asalto, despedazaban con sus orugas y llantas la mayoría de las avenidas de La Paz,  adoquinadas con piedra Comanche. Plazas y parques pisoteados  por las botas de los soldados que también, no tenían miedo cuando disparaban a matar.

Sargentos con sus boinas del viejo Cuartel Tarapacá, los tenientillos de ese entonces con el pucho en los labios, correteando adolescentes a punta de bala en el Toque de Queda.

Este golpe, decían los milicos en  radio Illimani: “Era para dar fin a la politiquería”, “Al Circo del Congreso”, había que lavar al país de la dictadura Castro- Comunista y eliminar a los francotiradores del Comando Camilo Cien Fuegos” que iba asesinando a los bolivianos en las esquinas.

Puras mentiras, para justificar las bajas de gente humilde, que defendía la débil Democracia.

“ Las Fuerzas Armadas, querían constituirse en fuerzas del Orden, pretendían retener el poder político, organizar el poder social, para construir según ellos una “ verdadera Democracia Moderna” expulsando a los partidos y crear la doctrina del Estado Nacional”.

Lastimosamente este golpe de Estado,  se dio que en plena asamblea de la OEA que se realizaba en el Hotel Sheraton; y ésta, había sido interrumpida y clausurada, justo cuando la comunidad internacional aceptaba incluir en su agenda, el problema de la mediterraneidad del país:

Es de interés hemisférico permanente, encontrar una solución justa y equitativa, que proporcione a Bolivia un acceso soberano y útil al océano Pacífico”, sentenciaba la resolución.

Los asambleístas tuvieron que salir punta de bayoneta y escoltados por  militares al aeropuerto y despedirlos con una patada en el culo y su resolución; sólo los milicos y su canciller  Guillermo Bedregal se sacaron un peso de encima, pues ellos,  defendían intereses económicos, personales y de grupo; después, continuaron con el Golpe.  Perdió el país.

Fue indignante, creo que allí comencé a renegar de la política boliviana y sus eternos dictadores militares y demócratas fascistas dos caras.

El ex presidente Walter Guevara Arce, resistió al máximo la presión en la clandestinidad, pero los soldados, ya habían ocupado el centro paceño y la plaza Murillo estaba con tanques de guerra.

Prendí el televisor en blanco y negro y ante mis ojos estaban Natush Busch, Guillermo Bedregal y José Felman Velarde, los dos últimos de oscura trayectoria en la historia sociopolítica de Bolivia,  mintiendo descaradamente en la conferencia.

Generación despreocupada

Nosotros pertenecíamos a una nueva generación, que no había ido a ninguna guerra ni habíamos sido protagonistas de alguna revolución.

Haciendo memoria y  cierta abstracción, tenía en casa cierta información que muchos de mis familiares habían estado en la guerra del Chaco y  me emocionaba, cuando me contaban sus desgracias en el infierno verde.

Otros adultos, maldecían a Víctor Paz y sus sicarios: San Román, Gayán, sus campos de concentración de Curawara de Carangas, Corocoro, el control político, los cupos, etc., etc

Recién comenzaba a conocer la política boliviana, no porque me gustaba o  interesaba, sino el olor que despedían las traiciones, los intereses económicos, familiares  y políticos; me había decepcionado.

La mayoría de los jóvenes de los ochenta, estábamos fuera de contexto, fuera de foco, pues habíamos crecido entre golpes de Banzer, las canciones proscritas de Silvio Rodríguez, la música de Michel Jackson cuando era negro, Sui Generis rasguñando las piedras,  cuartelazos fallidos, elecciones pifiadas como la del  famoso General Juan Pereda, que contaba en las urnas,   mil votos, en áreas donde sólo existían once familias; además y  lo paradójico, que los partidos políticos o Frentes,  que querían participar en elecciones debían imprimir sus papeletas de sufragio.

Juan Pereda, lo bajó del Poder a Hugo Banzer; luego siguieron otros  Golpes y cuartelazos con leves respiros democráticos.

Carros de asalto y pedradas

Desde las  esquinas, los tanques apuntaban a los jóvenes, pero igual  se les tiraba algunas piedras. En San Francisco, se enfrentaban a las tanquetas, solo con piedras en las manos.

Estaban locos o eran valientes, muchos de ellos murieron en la balacera.

Eran muy osados algunos. Te ametrallaban sobre la cabeza; sin embargo, se daban  el gusto de sacar adoquines y poner en las barricadas y luego escapar por los rincones para  que no te alcancen las balas,  disparadas por soldados y oficiales de la patria.

Queríamos Democracia, aunque no comprendíamos a cabalidad su significado, pues crecimos con dictadores.

Arce Gómez Y Sus Paramilitares

Esas generaciones de militares, tenían pinta de criminales, la mayoría con bigotes espesos y largos que tapaban toda manifestación de sonrisa y bondad; cubrían sus ojos lentes Rayban, vestían chamarras plomas americanas y se paseaban  orgullosos de sus Fuerzas Armadas.

Mataron mucha gente en las calles jugando  tiro al blanco.

También los paramilitares en su auge, asustando a la gente con vehículos tipo ambulancia,  llevándose algún sospechoso para hacerlo desaparecer en el Departamento II del Estado Mayor.

El año ochenta hubo otro golpe a la primera presidente mujer de Bolivia,  Lidia Gueiler, la bajaron del poder y la tuvieron presa en la Nunciatura por tres meses. Nunca me gustó esa señora, pese a mis 17 años, escuchaba de sus labios, palabras rebuscadas y poco sinceras como: “Ese mi pueblo boliviano! ¡ Ese pueblo maravilloso! ¡ Ese pueblo valeroso! Pura mamada.

En el patio del colegio

Estábamos fumando un pucho clandestino en el recreo, cuando nos alertaron que hubo el golpe de Estado. Luis García Meza era el presidente de la Reconstrucción Nacional. Pero este General tenía muchas anécdotas de chistes sarcásticos que solíamos hacerle. No era el más preparado y muchas veces hablaba estupideces a través de los medios de comunicación.

Su lenguaje era burdo, descolorido y lanzaba interjecciones como “ ¡Oj- Ustedes nomás hablan de Golpe! ¡Qué golpe pues! ¡Golpe, Golpe! No va haber golpe pues……”

Los curas nos evacuaron hacia las puertas traseras del colegio, y cada uno tenía que buscar la mejor forma de llegar a casa. En el trayecto, me enteré que mataron a Marcelo Quiroga Santa Cruz.

Ese año, nos echaron a varios del colegio,  porque creo que éramos rebeldes  contra el statu quo del sistema religioso, aunque dentro los salesianos, había sacerdotes  que también fueron perseguidos

 Según amnistía internacional, El 23 de Julio de 1980 se denunció la detención de los Padres Alejandro Chiera, Pedro Chicó y José Luis García, sacerdotes católicos de la orden de los Salesianos, quienes fueron apresados con posterioridad al golpe militar. Llevados al Regimiento Tarapacá fueron brutalmente golpeados y pateados; posteriormente fueron conducidos al gran cuartel de Miraflores donde los mantuvieron detenidos sin cargos ni procesos”.

Creo que estaba cansado de rezar todos los días para que mejore mi país. Pero, no pasaba nada…

Nos invitaron a varios a irnos del colegio, no nos echaron, fueron muy simpáticos los curas, nos invitaron, a que ya no volvamos el próximo año.

Estaba sin colegio y no me preocupaba.

Ya habían empezado las clases del año 81, y yo deambulando buscando cualquier colegio, nadie me quería recibir en sus aulas, porque mi libreta de calificaciones no era nada envidiable.

Así que,  para hacer la historia más corta, tuve que ir a otro colegio de Frailes,  el San Antonio de Padua. Tuve suerte porque encontré de buen humor al  Padre Agustín Barrio.

Era muy estricto, de humor sarcástico y un lenguaje florido de malas palabras. Rechazó a varios estudiantes, pero utilicé una palabra clave para que me admitieran:

¡ Padre, mi alto espíritu religioso, me impide ir a otro colegio!

Por favor considere mi caso, y después de cinco minutos ya estaba inscrito. Mi vida cambió, y le prometí  buen comportamiento y le cumplí. Creo  que me hacía falta un cambio.

Pero, pasado el mes de iniciadas las clases, los milicos para congraciarse con la juventud, lanzaron el llamamiento al servicio Pre Militar, sólo para alumnos de cuarto medio. Aducían los militares que los chicos de la clase media y de las ciudades,   les importaba muy poco  la patria y que la mayoría  compraban libreta para escabullirse del servicio militar.

A otros prácticamente, los cazaron en los boliches para llevárselos directamente al caimán y luego al cuartel para quedarse un año.

Entonces, decidieron entre gallos y medianoche, que el mejor  premio para el país, era formar soldados de jerarquía en tres meses, tiempo suficiente para aprender a disparar y conocer la vida militar. Nos alegramos.

Sólo tres meses, qué suerte….

Con nuevas ideas descabelladas

Me preocupaba la melena, ¿cómo sería sin cabello?, mis amigas se reirían de mi metamorfosis, pues llevaba una ch`asca ondulada, que casi llegaba hasta los hombros.

Estuve en la peluquería 1 de Mayo,  cerca de la Estación de trenes, y veía cómo caía mi cabello de la rebeldía. En mi cabeza aparecieron las cicatrices de las roturas de niño. Estaba feo  y con ganas de regañarlo al peluquero que se mofaba de mi cambio. Parecía que todos me miraban y para disimular la pelada, me puse una gorra grande que me cubría hasta los ojos. Me sentí un miserable conscripto.

Todos a pasar  orden cerrada

Desde Marzo a Octubre del 81,  todos los sábados debíamos pasar Orden Cerrada que consistía en aprender a marchar, a saludar, a romper filas, a mandar a la mierda, estábamos cambiando en todos los aspectos, ya que estábamos más livianos en el trote, tenía más hambre y después de 32 semanas,  se terminaron  las volteretas en esa tierra seca del viejo polvorín de Villa Pabón.

Nos graduamos de bachilleres y después de algunos días de descanso, ya estábamos en el viejo Cuartel Tarapacá del Alto,  esperando destinos para otros tres meses que pasarían rápido, pero no fue así.

Fuimos a los cuarteles como Pre militares, orgullosos de ser prototipos de soldados, ejemplo para las generaciones.

Muchos sobresalían por su altura, buena pinta y eran alegres, a diferencia de algunos soldados antiguos, que  nos miraban con ojos homicidas.

En esa aburrida espera de todo el día y en pleno sol altiplánico y ráfagas de viento con polvo,  sentía cierta impaciencia por descubrir la vida militar, ese estereotipo del servicio militar que me habían contado sobre la violencia en los cuarteles,  pero no creí, ya que según los Generales y Coroneles, estaba prohibido dar mal trato al que “servía a su patria”.

Pero volví a la realidad cuando observaba las boinas guindas de los soldados; que durante toda mi vida me había marcado, pues los del Tarapacá eran los tanguistas que alguna vez me apuntaron a los ojos en la Plaza San Francisco, y con esas boinas guindas, les daba un aire de respeto o tal vez de temor, pues sabíamos que  ser del Tarapacá, era sinónimo de valientes o mejor dicho, de ser los más rudos para soportar los peores castigos.

Perros en el cuartel

Una gran entrada y soldados de guardia, campos de tiro, trotes abusivos y los soldados antiguos sedientos de poder, listos para romperle el trasero  a palazos a los “Sarnas”.

En los años ochenta era norma general, impartir en los cuarteles la instrucción, educación moral y cívica a garrotazos.

“Ese dos vengue” decía altanero un “Antiguo”, un soldado Aymara robusto de la altiplanicie, que cual verdugo, repetía las palabras aprendidas de sus oficiales.

 Quiso decir” Esos dos vengan”

“ A ver a ver” ¿ Dónde istá mi palu?”, decía sarcásticamente al tenernos firmes ante nuestro superior, que acariciaba  el inmenso nos tenía reservado.

Nosotros sarnitas bachilleres, no atinábamos a contradecirlo, nos revolcó a palazos y se marchó feliz de su proeza. Todavía recuerdo la bienvenida a servir a la patria.

Alí babá ajusticiado en el Patio de Honor

Ni bien llegamos al cuartel Tarapacá  para esperar el destino y transporte, más de ochocientos descabellados se encontraban, con las orejas pelándose por el frío, junto a una  pequeña infección en el cuero cabelludo por el sol altiplánico.

Por tal motivo los  sargentos, nos daban el apelativo de Sarnas.

Pero a esa monotonía en la espera,  apareció un Teniente  que nos tenía reservado un espectáculo de ajusticiamiento contra los soldados antiguos.

Para nadie es un secreto, que los soldados antiguos, normalmente aprenden primero la disciplina, el manejo de las armas, la instrucción cerrada,  la agilidad mental y de las manos para el robo.

Hay expertos en hacer volar candados de las maletas de los recién llegados, también son buenos para apoderarse de las encomiendas ajenas y por supuesto gorras, botas toallas, frazadas y hasta armamento que desaparece por arte de magia.

Un grupo de soldados “fichas”, conocidos por sus hazañas, lo delataron: “ Alí Babá era su apodo”. Él había sido el ladrón de más de cien poleras de sus camaradas, vendiéndolas después en el barrio chino de La Paz.

La justicia, tarda pero llega, aún en el cuartel. Observé al Teniente  que lo había cogido al caco, le puso en el cuello una gruesa cuerda de cinco metros, para luego pasearlo en el patio, como si fuese una vaca,  informando a todos de su aventura.

Luego, todos los damnificados, debían castigarlo con sendos palazos. Le sacaron el uniforme, las botas y le reventaron los pies a palazos. Le quitaron el uniforme y después de flagelarlo en un callejón oscuro, lo dejaron sentado para que haga su “examen de conciencia”.

Lindo escarmiento para los que se apartan de las buenas costumbres, vociferaba el verdugo,  pero Alí Babá,  tal vez nunca más volvió al cuartel, desertó, porque otros soldados,  también querían palearlo, porque antes de descubrir al ladrón estuvieron castigados por horas.

Después detanto tiempo, probablemente esté formando  parte del hampa criollo, u ocupando algún cargo público.  Lo cierto que Alí Babá, sólo existe en mis  recuerdos oscuros de mi primer día dentro un Cuartel.

 Perros rumbo al Altiplano

Para felicidad nuestra, nos destinaron al Regimiento  Lanza en Guagui a sólo noventa kilómetros de La Paz. En esa época el camino era desastroso, sin mantenimiento y los únicos buses de “Autolineas Ingavi” , llevaban en sus asientos contrabandistas, corderos, y soldados.

Nosotros, tuvimos suerte, porque en el Tarapacá, habían conseguido plata para el diesel y todos subimos al viejo “Caimán” que suspiraba con el peso de más de cincuenta perros.

Eso era lo que nos decían los superiores: “ Ustedes sarnas, “ no son, ni la cuarta parte de la sombra de la cola del perro”, vaya comparación. No éramos nada.

Después de darnos la bienvenida hipócrita en las puertas del Regimiento Tipo Lanza 5 de Caballería, nos llevaron a unos gigantes pabellones, nos repartieron, cucharas, platos, jarros de aluminio, uniforme nuevito y una parca militar, también nueva.

Nuestros viejos uniformes color kaki y con calatrava, pasaron a ser uniformes secundarios. ¡Ah! olvidaba, nos dieron un colchón individual de 10 centímetros de alto para que durmamos en el suelo.

Mi pinta era diferente y hasta me dio ganas de ser milico, pero volví a la realidad cuando un sargento comenzó a vociferar:

“ Todos al patio de Honor perros ”…. Salimos corriendo felices, como si fueras a tu luna de miel.  Estábamos alegres a la mala, había fiesta dentro el Lanza, la banda de música, nos reconfortaba con Huayños, cuecas, buris, dando la bienvenida a esos muchachos para servir a la patria; aunque sea un ratito de la vida.

¡A ver Sarnas”, agarren su pareja y bailen carajo!, parece que no están felices, vociferaba y caminando orgulloso de sus botas el sargento Martínez.

¡Hijo de Puta!, le  dije con la mirada.

 ¡Cómo voy a bailar con otro hombre, ni que fuera maraco!, pero un palazo me obligó a bailar con otro perro, mi amigo el Brujo Callisaya. Nos miramos y comenzamos a cagarnos de risa. Quién sería la chola, sólo recuerdo que bailamos treinta minutos en ese bendito patio de Honor.

Esto no es nada, por la noche habrá otra fiesta, decía el viejo sargento, ya no con banda, sino con “Palito” Ortega y los “Golpes”.

Así que mejor, a bailar y encontrar amigos, para defendernos de los antiguos, que se lamían los labios cual lobos hambrientos,  para hacer lo que les hicieron, en un círculo vicioso que viene desde los Coraceros de Melgarejo. Y nos retiramos a dormir con el grito a todo pulmón: ¡Viva Bolivia, hacia el mar!…….Ahhh.

El apodo en los cuarteles

Nada es raro en el cuartel, todo  vale para salir a flote. Al primer día de tu presentación, el sargento  ya te pone un apodo.

Si eres de poca altura, sin duda te espera el apodo de “Mortero”, a los más changos les dicen “ Leches”,  al blancón, “ K´anka o  Choclo”, a los más grandes Ñandús o gansos; hay patos, chanchos, Ch’apis,  conejos  y toda la fauna que uno pueda imaginar.

Se acabó tu nombre de pila, ya eres un animal listo para defenderte de las agresiones de otra jauría de  antiguos, que generalmente llevan apodos también de animales. Allá aparece el “Maguila Gorila”, el Tigre, “EL Mamut” el “Loro y el Oso.

Hay rarezas dentro esta fauna cuarteril, los que no llevan apodos del reino animal, llevan otros por la ocupación; los más sensatos son los “Frailes” o “ Madres”, el Furriel, generalmente el más obeso y se pasa el día clavado en su lugar; su apodo de Ropero era ideal.

Paro  los tránsfugas del sexo masculino, había uno que de inicio, le chantaron el apodo de Chupilona y  un rosario de palabrotas.

Me acuerdo del “Muerto”, lo veía y me daba miedo tenía una cara pálida, pestañas y cabellos incoloros, muy parecido al “Largo” de la serie los Locos Adams. También recuerdo un tal Popeye, la Imilla, el Loco, el Brujo, el Gato, etc, etc.

Todos estaban felices con sus apodos, casi nadie sabe el nombre verdadero hasta bien entrados los meses; bueno,  es mejor pasar desapercibido en la jungla de los cuarteles, conviviendo también con otros animales que eran nuestros instructores.

A cargar piedras

Ya ambientados en ese inmenso cuartel, nos hicieron formar una fresca mañana. Nos dieron órdenes de ir a traer piedras del cerro, con el fin decía el teniente, de templar nuestro espíritu, pero si no nos templaban, por lo menos tenían las piedras para empedrar las áreas circundantes del patio de honor, el cual era el verdadero objetivo.

Salimos muy temprano a unos tres kilómetros, subí al cerro y me senté a contemplar el lago y el altiplano, sentí la libertad de alzar las alas para volar.

Estaba sentado sobre  una roca a 4200 metros,  frente a la península de Taraco. Observaba el lago Titicaca, la Cordillera de los Andes, el Altiplano y los hermosos cerros con sus terrazas esparcidas por cientos de hectáreas.

A principios de siglo, Jaime Mendoza, gran escritor y médico, sostuvo que el Altiplano era la “ tristeza hecha tierra”; tal vez, pero él no estuvo en mi posición, tranquilo, descubriendo la vida y el único ruido eran el vendaval que chocaba con la paja brava y  resquebraja mis orejas por la sequedad y el frío del ambiente.

Todo era policromía. No encontré nada que sea triste, todavía pude observar al vapor Ollanta que llegaba desde Puno. Fue uno de los últimos viajes de este histórico vapor que recorrió el lago por más de cincuenta años.

¡ Cuántos matices!,  “ los pastizales resecos son de un amarillo intenso, en la lejanía del cielo azul se asomaba tímidamente un anaranjado tirando a rojizo”. “Todo es policromía el suelo está salpicado por pajonales quemados, existen afloramientos de piedra calcárea de un blanco de nieve. El cielo se  pintaba de celeste claro, algunos nubarrones oscuros descargaba en la lejanía su tormenta”.

El altiplano no es triste, sonríe cuando caen las primeras gotas  en los meses de diciembre a marzo, es ahí donde adquieren tintes verdes sus praderas y terrazas de agricultura.

 Las habas se mesen altivas con sus penachos blanquiazules, las ocas y las lisas adquieren manchas de sangre, las quinuas y sus tallos de suave rosado; sus granos rojos y amarillos”.

Los cerros, ocres, las montañas azuladas, las tormentas siniestras;  los perros que ladran en la lejanía. El altiplano está lleno de colores y del olor, bueno, hay que sentirlo, porque no se lo puede describir, están en todas partes, hay que sentarse en el suelo y olerlos para descubrir que nada está quieto, que hay vida donde uno quiera encontrarla.

Después de cinco horas, volvimos cargando nuestras piedras, se formó una verdadera montaña. Los antiguos ya tenían el material para empedrar los alrededores del patio, tal como sucedió.

La gran vuelta pesadilla para los sarnas

Cinco y treinta de la tarde, el sol altiplánico se iba satisfecho después de haber quemado nuestra piel en la larga instrucción.

¡Atención....!gritó un soldado, era la forma cómo se daba la voz de alerta cuando un superior ingresaba a los dormitorios con olor a doscientos pares de botas.

Siga nomás sargento, contestó el teniente entrenado en la escuela de Cóndores de Sanandita-  cuando nuestro sargento se cuadró.

Hoy es el bautizo para ustedes sarnas, gritó cerca de mi oído, ni me inmuté, pues el que lo esquivaba, se ganaba un hermoso cogotazo.

Hoy es el bautizo, volvió a vociferar, así que dejen todo, sólo quiero saber cómo están físicamente. He sabido, dijo burlonamente, que ustedes comen demasiado y que el presupuesto se va todos los días en almuerzos y segundos, sultana abundante y marraquetas más grandes que una abarca.

Así que perros, a correr fuera de la cuadra.

Salimos disparados, pues no estaba de buenas pulgas el teniente. Cruzamos el patio de honor formados y nos dirigimos a la puerta principal. Seguidamente nos arengó: “ El cuartel tiene más de dos kilómetros de perímetro, así que a correr sarnas, el primero que llegue tiene franco, es decir, Salida libre.

Salimos en un desbande masivo, cruzamos la puerta principal y con horror descubrimos que los antiguos nos estaban esperando con palos, cinturones y alambres acerados para reventarnos en la carrera alocada.

Los lobos antiguos, en una persecución desmedida a los sarnitas, hacían revolcar al que tenía la mala suerte de caer en sus manos, pues nos golpeaban  con saña y diversión cruel.

Patadas, puñetes, todo valía también para tumbar a nuestros verdugos, pues nos dimos cuenta, que éramos más y que la mejor defensa eran las patadas para voltearlos.

Llegó el primero, más muerto que vivo por el susto, no sé quién, él salió de franco, nosotros nos quedamos  a cuidar nuestros moretones y pequeñas heridas en esa alocada  gran vuelta al cuartel, que fue la carrera más rápida y despiadada de mi vida.

Colgando de una cuerda

Hay que ver la impresión de los “Sarnas” cuando los antiguos van poniendo tirante una larga soga para que crucen los Monos el “ Paso Comando”.

Sí, somos sus monos de los antiguos, ellos son los que te masacran todos los días, te pintan la cara con Betún, sirves como “ Taxi” cuando se trepan a la espalda y quiere que los lleves a la otra cuadra para no mojar sus botas después de las lluvias. Te presionan para que tiendas su cama donde durmieron o que le laves el plato. Cuando no querías hacer estas obligaciones de los antiguos, te amotinabas y había peleas frecuentes, de hombre a hombre sin grados.

Estos cabos y dragoneantes, repetían las mismas palabras de sus abusivos instructores. Cuando no querían entender razones, te decían me walis  wirja;  debían decir “ Me vales  verga” ( No me importa, me vale un rábano). Eran unos hijos de Puta, estaban resentidos con nosotros,  porque  éramos el experimento,  para reducir el servicio militar a lo más esencial, y no admitían que tendríamos libreta como ellos. Se las traían jurada con nosotros.

Pero eso no es nada, cuando llegaba el momento de la instrucción en serio, ellos, los antiguos tendrían diversión gratuita, pues nos colocaban las cuerdas de un cerro a otro para cruzar el paso Comando.

Al igual que el equilibrista en el circo, todos observamos el paso del teniente, el sargento y el más vivo de los antiguos.

El paso comando es una técnica militar para cruzar de un cerro a otro, utilizando sólo una cuerda tesada en ambos extremos.

Ahora nuestro turno, las piernas tiemblan, primero ir a mear, primera norma. Segunda norma pensar en que puedes hacerlo, aunque te caigas y te lleven a sanidad. Tercera norma debes hacerlo porque si no lo haces igual te sacan la crisma.

Así que el cruzar es lento, tu pierna se envuelve en la delgada cuerda, tus manos van ajustándose a esa serpiente tiesa y mugre, llegas hasta el medio y pareces otro, has conquistado la gloria. Avanzas y avanzas ya estás cerca, hasta que una mano criminal mueve la cuerda con insistencia demoníaca, hasta que pareces un péndulo.

 ¡ No muevan gran Putas!, gritas desesperado, pero ya estás colgado y listo para recuperar; es decir volver a la posición inicial. Tratas de impulsarte, pero el cansancio y la desesperación te juegan una mala pasada.

De abajo el espectáculo gratuito se hace tenso, hay muchos que dicen, se caerá el huevón; otros gritan, silban, se ríen el espectáculo circense se hace emocionante.  ¡Recupere Carajo! grita el teniente.

Arriba ya no das más, tus manos te duelen, tus piernas ya están con calambre, tú puedes, tú puedes, hasta que caes al agua. El espectáculo terminó; todos ríen la próxima será diferente hasta que después de meses, estarán moviendo la cuerda los antiguos,  para que empiece la función con otros monos.

Al Trípode Carajo

No sé si el servicio militar será como en los ochenta, ahora la Defensoría del Pueblo, Derechos Humanos, los curas, todos, todos abogan ante cualquier abuso cometido en los cuarteles.

Así como cambian las instituciones, también los oficiales cambian, me dijo un sarnita del siglo XXI. Ahora son unas Madres, termina sonriente en el Prado, listo para su conquista amorosa.

Recuerdo al Choco Loco, me dijo Martín Camacho, su  teniente de Caballería del escuadrón A, debía ser el  “Caballo Loco”, golpeador como ninguno, tenía fama de bueno y sanguinario. Al momento estaba sonriente al otro, rojo como un tomate listo para matarnos en trotes mañaneros.

Si algún soldado robaba una gorra, o tal vez un plato o un jaboncillo, era motivo suficiente para que “ Caballo Loco ” después obligarnos a caminar y saltar en cuclillas por más de media hora, luego,  nos puso al trípode.

Quién inventaría este castigo. Los pies abiertos, el tronco doblado manos atrás y la cabeza apoyada en el piso áspero de piedras o duro cemento.

El trípode, tan sólo recordar su nombre me duele la cabeza continúa Camacho.

Ya llevas dos minutos y nadie habla. ¡Quién se robó Carajo! grita el verdugo. Nadie habla.

Cinco minutos y tu sangre ya está queriendo salir por los ojos, duele la cabeza, las piedras perforándote el cuero cabelludo por el peso, nadie habla. Ya sarnas hablen de una vez,  ya no grita,  parece que está satisfecho, pero nada. Hablen huevones.

Van los minutos algunos sollozan, ya no mi tenientito, por favor, por su madre, gritó un incauto.

Se aproximó el verdugo, le  dio un palazo en el culo y lo volvió a poner al trípode.

Minutos interminables, dolor, bronca e injusticia, todos pagan por algún vivo que  venderá lo robado en algunos pesos.

Quince minutos, nada hasta que alguien gritó: “Yo fui mi Teniente”. Silencio sepulcral, ¡Quíen es! ¡Quién es! para romperlo…..

Se acerca, lo mira con ojos de homicida  y grita triunfante el Loco:

“Nadie gana al trípode para hacer cantar, así que sarnas ahora perderse vayan a dormir”.

Mi sueño, ya no es más sueño, me dice Martín, me toco la cabeza y digo: felizmente no perdí mi cerebro para recordar a Caballo Loco, cuando nos puso al trípode en su cuartel altiplánico.

El Salto De La Muerte

Después de levantarnos con el sol, el trote matinal nos llenaba los pulmones de brisa del lago Titicaca. Gordos, flacos, altos, todos sudaban después del largo esfuerzo.

“ Salgan chicas a mirar que el Lanza van a pasar,  con su trote militar” cantaba fuerte el sargento- En un coro al unísono, los soldados; respondían,  lo mismo y aumentando frases picantes del léxico cuarteril.

Linda canción, pero  en la altiplanicie no había chicas, sólo las vacas nos miraban impávidas.

Pero lo que nos tenía preocupados, no eran las chicas ni las vacas. Hoy por fin debíamos hacer el primer “Salto de la Muerte”.

Sólo el nombre, nos inquietaba, pues una larga cuerda atada en un tronco en la punta del cerro, era estirada hacia abajo para atarla 100 metros abajo.

Por allá, debían deslizarse los soldados con una roldana, una especie de carrete, que cuando se deslizaba adquiría una gran velocidad y llegado el momento se debía poner el cuerpo en “L” y soltar la roldana, para caer estrepitosamente en el río fangoso, una especie de piscina artificial trabajada expresamente para tal fin. Al que fallaba le esperaba la sanidad.

Uno a uno iban lanzándose gritando: “ Por mi Patria, por mi madre o por la enamorada Jacinta.”.

Hasta la cima llegó el “Loco Mendoza”, ese era su apodo, por fin lo vimos venir a fuerte velocidad y vociferando contra el sargento que lo lanzó de un puntapié.

Hizo todo lo indicado, hasta podemos decir que fue el salto más perfecto, cayó al río y no salió más.

Hasta que el teniente se zambulló y lo sacó a flote. El infortunado loco, se había clavado de pies en el fango; aunque luchaba por salir desesperadamente, el negro barro se apoderó de su cuerpo. No consiguió salir hasta que llegó la ayuda. Casi se ahoga, un minuto más y teníamos entierro con bandera, decían sarcásticamente los otros camaradas que festejaban el salto de la muerte del soldado loco.

El mundial en  el Cuartel

Viernes por la tarde, todos los cuarteles en Bolivia se visten de deportistas, buzos plomos de los Oficiales y Clases contrastan con el uniforme verde de toda la semana con la que nos revolcábamos en la instrucción.

Todos están felices, pues hay un desafió económico entre sargentos para apostar, cuál equipo del Cuartel era el mejor.

Formados a la cancha gritando vivas al escuadrón “D”, los sarnitas van apostarse en el piso de la cancha, ya están amenazados. Si pierde el equipo, habrá “fiesta” dijo el sargento. Pero la otra apuesta interna era jugarnos el pan del día siguiente entre los soldados.

Si ganábamos tendríamos un buen desayuno.

Más allá, los del “A” también orgullosos de su sargento y su equipo.

Nuestro equipo tenía como casacas, la piel oscura por el sol, pues decidieron diferenciarse de las poleras percutidas de los del “A”.

No había ni kichutes ni Kits, así se denominaban los actuales “ Tennis”, sólo las botas bien ajustadas y con polvo relucían amenazantes;  me recordaba más una pelea de gallos que partido de fútbol.

Sonó el silbato, un soldado antiguo tiene la enorme responsabilidad de dirigir el partido, los sargentos ya lo amenazaron en caso de que se parcialice.

Patadas alevosas, cabezazos a la cara del oponente, sudor, el clavo que te molesta en la bota, ya está cerca el triunfo por fin, sonó el pitazo, perdimos.

Equipo y barra formar, dijo el sargento golpeador, estaba furioso, pues apostó parte de su sueldo.

A ver huevones, vamos con los rollos –dijo- que eran volteretas en el piso duro del altiplano. Vamos cuclas, les voy a enseñar a ganar frailes. Tenderse, levantarse, al arrastre  cojudos, “Soldados Antiguos”, impulsaar......

Otra vez lo mismo, los jugadores iban directito al calabozo. Los de la barra a la fiesta del “Jaripe”, hasta que se le pase la bronca y al día siguiente, a desayunar sultana sin pan.

El Camión Versus Maguila Gorila

El apodo, hay que tener buen ojo para dar en el clavo. El que les puso ese alias a los dos soldados más fuertes del cuartel, sin duda era genial.

Maguila Gorila, era un soldado Aymara de las riberas del lago Titikaka. Anormalmente alto y fuerte, su dieta en su infancia estaba basada en sopas de quínua, Peske, tarwi y lechosas sopas de Karachis, que son pescados del lago y conocidos por su fuerte contenido proteínico.

Su oponente, “El camión”, citadino de nacimiento, alimentado con hamburguesas, papas fritas, Caldo de pollo y singani infame de la Max Paredes.

Ambos eran fuertes, “El Camión” estaba impaciente por arrollar a Maguila Gorila.

El motorizado, era sarna, es decir nuevo, y todas las esperanzas nuestras puestas en él. Por su parte Maguila, el Antiguo, estaba confiado en sus puñetes.

Así pasaban las expansiones espirituales nocturnas, se cantaba, se tocaba guitarra, se hacían imitaciones a los instructores; en fin se la pasaba bien.

El número central se acercaba, era un griterío infernal en el “Patio de Honor”. Todos sabían del encuentro. Corrían las apuestas; tanto Antiguos y Sarnas estaban felices, tendrían un combate de box criollo en pleno Altiplano; además gratis.

Ya no era cuadrilátero, era un círculo de botas que se movían felices en el patio. Todos estaban sentados.

Empezó la gresca, puñetes, warak’hasos, cabezazos, caídas, levantadas y nosotros eufóricos. “ Nuestro Camión” era una aplanadora; su furia contenida salía de sus brazos. También recibía, pero no paraban la pelea; era según ellos a muerte.

Pasaron los minutos, los golpes bajos, la sangre de las fosas nasales; hasta que el sargento dijo: “ Alto, Alto”. ¡Muy bien!, ...!Muy bien por el espectáculo!, ya es suficiente, mañana tienen Franco – salida libre- Maguila y Camión.

Al día siguiente no salieron, pues sus caras eran ya de boxeadores profesionales y se quedaron a dormir todo el santo día, hasta un próximo encuentro que nunca más se realizó, pues  eran ya amigos de cuartel....

Qué Es La Patria En Los Cuarteles

Ya lo decía un Oficial de Ejército: “ El cuartel, es nomás para los vivos, porque los lentos son los que trabajan, los que se hacen robar y los que se hacen palear”.

De los vivos no hay mucho que hablar,  ellos son los Fichas;  se roban todo lo que se mueve y lo que no se mueve, se las ingenian para “Chorrear”, quedarse a dormir, mientras los otros trabajan o se enferman a la mala  para pasarla bien en  sanidad.

Pero los lentos, los gordos, los nerviosos, los maletas, los honrados la pasan muy mal,  debido a que en el proceso de adaptación al medio, tienen problemas con sus camaradas y con sus superiores.

No todo es pérdida de tiempo, como dicen algunas  personas que no quieren escuchar nada del cuartel.

Lo cierto que aparte del trote, de los palazos,  del rancho franciscano y los abusos, también hay tiempo para la lectura, para aprender divirtiéndote, pues son todos muchachos de dieciocho años.

Ya se acerca la primera revista, es el examen de la primera parte del aprendizaje, tanto los sargentos y oficiales trabajan para perfeccionar todos los detalles.

De esta prueba depende el respeto que se ganen entre sus camaradas los sargentos; además servirá también, para que los soldados asciendan a Dragoneantes o Cabos. En cambio a los Pres, nos valía un rábano tener un grado.

Los ejercicios de “Instrucción Cerrada” están a la perfección, es para no creer, todos saben marcar el paso, alzar las piernas marcialmente, después de haberte sacado las corvas en criminales torturas, para que tus músculos se estiren. Toda la sección está lista.

Sólo nos falta, recordar de memoria la historia general de Bolivia, las guerras del Pacífico, Acre, del Chaco, El Escudo y su significado, las banderas y su proceso histórico; en fin parecía fácil.

Pero habían también, los que no estudiaban nada y para ellos había un castigo ejemplar.

Estamos en el campo, sol radiante, mañana tibia y el riachuelo que cruza límpido cerca de nosotros; más allá en la misma corriente, una piscina artificial, dejándonos ver momentáneamente las algas.

A ver “Mamut”, dice el sargento: ¿ Qué es la Patria ?, sólo la mirada nerviosa de gil, nos hace reflexionar que no sabe. ¿ Qué es la Patria huevón?. Silencio. No sabe.

¡A ver esos tres soldados antiguos,  agárrenlo y llévenlo al Ahogue!.

El Ahogue, palabra jocosa, todos sabían el significado de esta palabra.

Los tres, lo agarran al bruto y lo llevan a la piscina y con un movimiento sincronizado, ya está con la cabeza abajo y de un empujón, medio cuerpo en el agua, sólo los pies secos patalean, el resto del cuerpo totalmente sumergido, hasta que el sargento ordena. ¡Tráiganlo!.

Nuevamente sentado frente a su instructor. Ahora ya sabes no? ¿Qué es Patria fraile?.

Si mañana no sabes de memoria, te rompo el culo a palazos, lo amenazó. Todos, todos estudiaban a conciencia por el temor que teníamos al famoso “Ahogue” y Mamut, sin duda a pesar de los años, debe acordarse a la perfección el significado de esta definición.

Sargento Martinez

El gordo Martínez, era de los últimos sargentos reenganchados de la generación de golpes militares. Nos dio la  bienvenida con una sonrisa sarcástica, mientras con sus manos acariciaba un palo de paco,  hecho por un maestro carpintero.

¡Aquí no les va ha faltar nada!. Sólo miren a los antiguos -  gritando-  están gordos, pues comen bien.

Ustedes, tienen  uniforme nuevo, botas, toallas, calcetines, platos, jarros, cuchara; además pueden bañarse en el bebedero de caballos, tienen que estar limpios y ser ordenados para orgullo del Regimiento.

- Si parecía una Madre.

Después se les entregará sus fusiles Fal y si lo pierden- amenazó-  "Cagan fuego".

Nunca nos entregaron la Fal, pero nos dieron el Fusil Garantt de la Segunda Guerra mundial, que sólo servía para disparar al cerro, pues por el uso estaba totalmente descalibrado.

Martínez era tal vez el último prototipo de sargento del Chaco, que mantenía influencia estricta de Hans Kunt. Era pequeño y gordito, le faltaba dos dientes que lo hacia más desalmado y jocoso.

Era extremadamente disciplinado en horas de instrucción; cualquier falla en las marchas o en las formaciones, aparecía como una víbora y lanzaba un fuerte cogotazo o un corto en el estomago, que nos dejaba secos en el suelo.

Firrrrmes, a media isquiere, al trípode perros. Vista al Fu. Si algún nervioso miraba al frente, porque pensaba que Martinez gritaba  esa orden, corría como un loco y te volteaba de un corto.

Era bonachón y jovial los viernes por la tarde, parecía más juvenil. Parecía un Jukumari ( oso andino) con buzo  deportivo.

Bromeaba y hasta parecía simpático; y al momento estaba paleando a los sarnas sin motivo; o haciendo trotar con una llanta en el pescuezo de algún soldado antiguo, ladrón de   una marraqueta.

Martínez tenía un vocabulario brillante, el 90% de las palabras eran barbaridades. Insultaba, gritaba y perdía rápidamente la paciencia y se iba a los golpes. Ese era nuestro instructor.

Tendría unos cincuenta años. Era reenganchado del cuartel; es decir,  después de haber cumplido su servicio militar se quedó en el ejército a cuidar los caballos, luego a instruir soldados, y ya en el otoño de su vida, lo ascendieron A suboficial.

Su única escuela fue el cuartel; por lo tanto era su casa,  dormía en las cuadras, comía con nosotros y estaba las 24 horas jorobando a los sarnas poniendo apodos, paleando sin motivo y gritando huevadas en los oídos.

Cuando Martínez, había ascendido, a Sub Oficial, festejó parte de la noche. Vino a  las dos de la mañana, nos hizo trotar,  paleó a algunos y se marchó a dormir la mona.

Al día siguiente se sentía el tufo de  Whisky Lata; alcohol Caimán 90 grados, requemado y mezclado con Yupi, que también era trago de moda entre nosotros.

Martínez, sargento golpeador, probablemente ya estés viejo, fuiste un gran hombre a tu manera. Después de años, merecías ser recordado por tu brutalidad y patriotismo.

Qué Me Miras Sarna! ¿Te Gusto?

El léxico de los cuarteles, ha creado formas de comunicación jocosas dentro la institución.

Todavía recuerdo a los “Sargents” de la primera promoción de la “Escuela de Cóndores”. Sus pintas eran de soldados antiguos, pero gallitos para buscarte bronca por cualquier motivo.

¡ Qué me miras Sarna! ¿ Te gustó?. Te miraban amenazantes. Luego me buscas con un palo. Era el fin de su parca conversación.

“Ese Sarna vengue”. Muy pocos entenderían el significado, cuando el sargento  se refería a un soldado para que se acerque.

Por qué estás Sonriso perro, para referirse, al por qué está uno  alegre.

Ya vamos Cuclas, para el salto como ranas, sinónimo de cuclillas o tal vez darte un Corto en el estómago para desmayarte de un golpe artero.

Te acostumbras a gritar o mandar a la porra por cualquier motivo, sentía que mi léxico se enriquecía con malas palabras y además seguía alimentando con nuevas frases: “ Chocolatear” cuando vas trotando con una llanta en tu cuello. Salir de “Franco”, “ Chorrear” cuando sales sin permiso  por la puerta de atrás sin que te “ Chapen”. Si te pescan “ Cagas fuego”.

El plantón, palabra aburrida, pues consistía en estar mirando el horizonte con sol o lluvia, hasta que veamos el “ Mar”. El “Jaripe” o castigo físico hasta vomitar por el agotamiento.

Sí que fue interesante, había perdido paulatinamente el respeto al semejante antiguo, porque para ellos también era un sarnoso; además desde el primer momento sentí haber perdido mis derechos. Derecho a la réplica- pues, decían, que el Cuartel, no era un sindicato- El derecho a la protesta - a eso, lo llaman amotinamiento- a la privacidad de ir al baño cuando el cuerpo te lo pide  y no cuando te lo ordenan, pues debíamos ir en grupos para defendernos de los antiguos que nos esperaban  en los alrededores.

Eran muy común ir a las letrinas entre varios, una vez posicionado en el trono, aparecía un grupo de antiguos, gritando: “ Aaaalto, prohibido cagar”. Vamos con quince cuclas, un dos tres, a la cuarta, tus pantalones ya no permitían movimiento y te ganabas un duro golpe con un palo en la cabeza.

Así como los tiempos pasan, estas palabras todavía se mantienen hasta que otro “Sarna” del siglo XXI nos refresque con otras ocurrencias

Al Calabozo Por Pendejo

Después de algunas semanas, ya conocía todos los rincones del cuartel, la panadería, con ese olor a pan fresco que me incitaba al asalto, recorría  los dormitorios de otros escuadrones donde encontrábamos algún despistado para volarle el kepí (gorra)y reponerlo en mi cabeza, cambiando las marcas del propietario.

Es decir, el cuartel se había convertido en el escenario de los robos  bien planificados.

Toallas que te robaban mientras tenías la cara llena de jaboncillo, sólo veías perderse a los -corre volando- en la lejanía de ese inmenso cuartel. No podías perseguirlos porque en definitiva tus ojos irritados no te lo permitían.

Mi regimiento, se había convertido en un mercado persa, te ofrecían cucharas, escarapelas, kepis, frazadas, hasta parcas; pues existían verdaderos delincuentes de prendas militares al interior de este “recinto sagrado”.

Un soldado antiguo,  su nombre ni me acuerdo, todos lo conocían como el orureño. Abusivo y pícaro caco, que se financiaba sus gustos, en la compra venta de ropa usada que circulaba  en el cuartel

-¡ Oye sarna, ven carajo!

-Sí mi antiguo le conteste con voz áspera, con cierto temor a un Corto en el estómago.

`-Me gustan tus botas, te cambio con botas de soldado antiguo, me increpó y noté que sus ojos le brillaban por el posible negocio.

Estas botas de antiguo eran dotación americana, camufladas y con la lona  nuevita. Estaba cero trotes.

¡Qué pícaro  el antiguo, se había robado las botas de algún camarada,  tal vez, mientras se lavaba los pies en el pequeño riachuelo que circundaba nuestra unidad.

Están nuevitas continuó mi zorro orureño, es de la próxima dotación y  yo, ya  tengo camufladas. Te cambio, prosiguió,  por las de puro cuero;  esas que llevas puestas.

Pensé un instante y acepté, ya tenía otras de cuero. Me saqué y en un santiamén estaba con mi nueva pinta de antiguo. Los Sarnas, reconocíamos a los antiguos por las botas.

Esa noche salí cerca al bebedero, reunión obligada de todos para bañarnos en la penumbra. Este bebedero era un tubo de 30  cm de diámetro  alimentada con un gran chorro agua a una lavandería gigante donde metían los pies y lavaban platos. Ëramos unos chanchos.

Me cubrí la cabeza con la capucha de mi parca verde, la oscuridad era mi cómplice y comencé a otear víctimas, sarnas de otros escuadrones.

Todo estaba planificado para divertirme. ¡ A ver sarna, vamos con diez cuclas!, ven, ven vos perro. Veinte flexiones contando fuerte carajo.

Ven, ven, ven pendejo, dónde vas sarnita, vista al mar!. Hasta que me contestó furioso:

-¿Quien eres vos perro para ponerme vista al mar?

Puta, casi me meo,  era un Sargent de la escuela de Cóndores que parecía sarna.

Terminé al trípode y luego paleado salvajemente. Yo el falso antiguo,  estaba solo plantoneando por horas bajo la lluvia. Me costó una paleadura que hasta ahora y  después de tantos años, recuerdo entre sonrisas y mi frase muy a  la boliviana:

¡Por Pendejo!

El ñandú, Zorro, halcón y la vicuña

No es una fábula criolla, ni mucho menos se asemeja a Esopo, simplemente que los animales han sido muy importantes en la vida del hombre, independientemente del grado de cultura alcanzado.

Siempre se asociaban con los totems, y su importancia espiritual con el entorno.

Pero vayamos por partes, como decía Tupak Katari. Los milicos tienen una afición a los animales que no se hacen problemas traer toda la variedad de fauna dentro los cuarteles. Como nadie prohibe, entonces esos animalitos andan como mascotas y se los podía ver caminando orgullosos y a veces picoteando basuritas a paso de ñandú.

Sólo su lento caminar como una abuela, con las espaldas curvas y con una lentitud desesperante, hizo que los aymaras la denominaran, como Suri awicha ( abuela). Este animalito dormía donde podía y  así pasó la noche acurrucada para protegerse del frío en un refugio calientito.

Una mañana, amaneció plano, porque se durmió bajo las llantas del Caimán ( vehículo de transporte de tropa).

Lo único que escuché el primer día en el cuartel,  fueron los palazos en los cuerpos de los cabos choferes, que no se explicaban el atropello de la awicha.

Los pobres,  pasaron trotando toda la mañana con llantas en sus cuellos.

La Miss Vicuña

Pero a medida que pasaban los días, descubrí a otro ser que andaba acercándose sospechosamente a mi oreja. Tenía una cara angelical, pestañas largas y finas, parecía una de las Magníficas. Era preciosa.

Sólo un ligero movimiento era suficiente para que se aleje, en su trote sensual de princesa andina con sus sexy curvas. Creo que me gustaba demasiado la vicuñita.

Una mañana vinieron corriendo y gritando los antiguos:

¡La vicuña se ha hecho pepa al cerro!. El dueño, un sargentito Cóndor, andaba furioso y nos mandó en comisión a unos cincuenta para ir a buscar a la princesa.

Al ver el paisaje y las cerranías, me dije, no la encontraremos, pero subimos unas dos horas cerro arriba y estaba a diez metros de mis ojos.

Cómo llamarla, cómo decirle que la quería de vuelta en el cuartel, que no nos haga eso, porque nos la traíamos jurada si no volvíamos con la fugitiva.

Sh- sh- sh-sh-sh, era lo único sonido que salían de mis labios, pero tarde comprendí, que no era perro, así que,  se dio cuenta de mis intenciones mi vicuña y de un salto ya estaba a cien metros.

Gritaba a los otros que ya estaba cerca;  algunos,  se hacían los locos, porque no les importaba, pero los antiguos estaban más nerviosos que nosotros, pues ellos debían controlar la puerta y eran los encargados de cuidar al animalito.

Otra vez ya estábamos cerca, la rodeamos en una oquedad natural, saltó un antiguo y zas otra vez a cien metros. Ya era tarde, no almorzamos y nos echamos a dormir, porque ya no había esperanza, porque se había perdido en la inmensidad de los cerros. Se fue mi princesa, me dije, no pude conquistarla….

Chau Halcón

Pero, había otro animal, en la ventana de la Cuadra, lo malo, era que estaba  enjaulado y con mucha carne para su comida.

Era un Halcón cazado por otro sargento.

El olor a carne en descomposición me destrozaba el apetito, ese olor a putrefacción me volvió juez.

Una noche tomé la jaula y la  deporté afuera, abrí su jaula y dejé libre al halcón, al otro día había un gran lío, pero me hice el loco.

El zorro de Heredia

Finalmente un zorro salvaje atado a una cuerda era la mascota de Heredia, otro sargento que no te paleaba, pero te mordía las orejas hasta que gritabas de desesperación, si no era suficiente, te agarraba la nariz con una tenaza, si te movías apretaba, así se divertía el abusivo.

Cuando ya se cansaba de su mascota, buscaba a alguien para cuidar su zorro. No era un perro, y tan pronto como el zorro se daba cuenta que estaba prisionero quería morder a su captor y luego se echaba a correr desesperadamente.

Heredia, me encargo el trabajito y andaba corriendo como un atleta detrás del zorro, hasta  que se refugiaba en cualquier lugar oscuro. Si querías moverlo de su escondite, te saltaba el salvaje.

Después del paseo, entregué su mascota a Heredia y él amarró en la puerta de la cuadra. Ahí estuvo algunas horas, hasta que un antiguo, por encargo de otro superior, lo liberó, sin antes bajarle la punta de la cola con su navaja, según ellos era un amuleto para que no te pille la bala.

Desollando Perros

Se aproximaba el día de la Revista. Palabra rara, que siempre había escuchado a los antiguos.

Revista, es sinónimo de prueba, examen de lo que habías aprendido en tres meses de permanecer a las órdenes de los “Superiores”.

Vino un Doctor de Cossmil, para entrenarnos a suturar heridas. Nos escogió al azar, y durante la fría tarde estuvimos cazando perros vagabundos en el Puerto de Guaqui.

En realidad no eran vagabundos, pues tenían dueños, pero era mejor utilizar ese término para tranquilizar nuestra conciencia. Me sentí más perro, que el quiltro que temblaba de miedo sobre mis espaldas  metido un saco de Harina Inca.

Pobre perrito, lo llevaba ante el “Doctor Mengele”, que le puso un bozal hecho de unas botas viejas, luego lo durmió con anestesia. Creo que el perro se durmió en el acto, más por el susto,  que por  la anestesia que le plantó el carnicero.

Luego con un filoso bisturí, le hizo un tajo en la pierna,  más grande que el de Capone.

Uno a uno, íbamos suturando los cortes con hilos originales. Después otro corte, y otro, hasta que el perro comenzó a sentir dolor y aullar. Al final lo dejamos peor que Frankestein y salió corriendo, sin antes ponerle yodo, agua oxigenada, agua bendita y algunos parches blancos  y con  su sana, sana, sana de rigor..

Ya estábamos capacitados para coser las heridas en caso de algún accidente.

¡ Que crueldad, me sentí un Pitbull!.

Se Robaron Una Vaca Y La Camuflaron

¡Ya hablen Carajo! ¡Dónde está la vaca!. Gritaba el sargento Martínez.

Estábamos otra vez al trípode.

Puta, me dije- se pasaron de pendejos, se habían robado en la noche, una vaca mientras dormía en su corral.

No sé cómo, la metieron al cuartel sin que nadie se inmute.

Fue la ocurrencia del choco  Hans, y otros que se cansaron de la lagua sin buena carne y decidieron invitarla a la vaca a dormir  dentro el cuartel. Todos los días trigo, quinua, lentejas, todo mezclado con harina amarilla y la “racha” o pedazo de carne,  que era la nariz peluda del toro flotando en tu sopa. Sobrado motivo para traerse a la gorda.

La parquearon cerca de los tanques y la camuflaron muy bien, que los carnívoros, tuvieron que cantar la verdad, cuando los pusieron al trípode. Al día siguiente los campesinos  comenzaron a reunirse para estrellarse contra  el cuartel.

El dueño vociferaba en Aymara, por su tono parecía que iban a armar un levantamiento.

Le devolvieron la vaca loca, que se pasó una noche en manos del Choco, que no disfrutó de su hazaña.

Ya Los Golpes te hacen reir

Con permiso mi antiguo wa pasar, saludaba el Tavo, con sus tres dedos  en el costado de la  frente.

Era una burla abierta a los antiguos, que se sentían ofendidos con el saludo de boy scout.

¿ No sabes saludar todavía Cojoro?

-          No mi antiguo. “Bien difícil es siempre”.

¡ Carajo, so pindijo! Vamos con treinta flexiones.

Uno dos, tres, quince, six, four, nueyve, doce, treinta.

-Cumplida su orden mi antiguo.

No aguantó el Aymara semejante desplante y comenzó a cortear al Tavo, bromista y preparado para lo peor, se hizo pisar  la cara y  cuello en el suelo;  no terminaba de emitir su carcajada.

Luego con una risa de burla siguió repitiendo, ¡Ya no mi antiguo, ya no mi antiguo!. Basta, basta,  duele Pues. Ahora ya  sé saludar, le gritó.

Luego se cuadró nuevamente, dio media vuelta con su saludo de Boy scout y le dijo sonriente:

Con permiso mi antiguo, me wa retirar, y escapó como alma que se lleva el diablo, cagándose de risa.

La Muerte De Sergio

Terminó la instrucción de campo,  y el viento gemía triste acompañado de una fría llovizna que nos humedecían las caras;  el cielo altiplánico se puso de luto y en pocos instantes, iban a caer lágrimas del cielo sobre el Lanza.

Estábamos muy cerca a la puerta del Cuartel, cuando el comentario de la muerte de un Pre Militar,  recorrió mi espinazo y bajó hasta mis pies, dejándome helado como la altiplanicie.

No podía creerlo, Sergio Durán de 18 años, compañero de curso del colegio San Antonio,  había recibido un tiro en el estómago, mientras pasaban instrucción. Un tiro del diablo, como dirían los que acostumbran a tener un arma entre las manos.

Sí, el tiro del diablo, vestido de  Oficial, salió de sus manos. Yo no conocía a su instructor, pues Sergio, estaba en otro Escuadrón.

¿Por qué este Teniente,  no tuvo cuidado en asegurar su arma? me pregunté muchas veces,  se le salió ese único tiro, que  fue en busca de alguien que no pensaba en la muerte.  Sergio tal vez pensaba en su enamorada,  o en el calor de su casa en compañía de sus seres queridos allí en  Miraflores.

Me dio pena y rabia, fue un golpe muy duro para los que lo conocimos, pues fue una muerte estúpida, sin sentido, no había razones para tener el arma cargada.

No fue una muerte más, fue la muerte de un compañero y un Pre Militar, que se sentaba muy próximo a mi pupitre en el colegio, todavía recuerdo su tranquilidad y la voz pausada para pedir prestado un libro o un bolígrafo con  el  por favor respectivo.

Estaba tenso el ambiente y la oscuridad bajó al cuartel, esa penumbra me llamaba a la sanidad donde estaba Sergio. Quería verlo; aunque sabía que estaba frío y que ya no podría decirle, por favor despierta.

Y me dirigí en esa penumbra y llovizna, que disimulaba una lágrima caída. Me sequé la cara y entré a sanidad. Ahí estaba Sergio, en el horrible piso, cubierto por una frazada,  el uniforme verde estaba completamente ensangrentado, nadie lo acompañaba ese instante, pues algunos estaban en los alrededores por curiosos, otros íbamos con el puño cerrado,  próximos a gritar y golpear al estúpido que lo mató.

Y me quedé algunos minutos entre el silencio y la oscuridad,  su rostro tenía una palidez de luna, que no me asustó, vi sus labios resecos y el brillo de sus ojos que me miraban fijamente; respiré profundo, le toqué el rostro, cerré mis ojos y se me salió una lágrima. ¡Hijos de Puta!, grité  en mi interior,  que me llevó al eco de mi alma y a mi impulso de correr hacia ese patio que me esperaba doliente,  como la tarde oscura, cuando se murió Sergio Durán.

Chespirito A Pura Hierba

Con el paso de los días, ya estábamos mezclados colegios fiscales y particulares de la ciudad de La Paz; también, había bachilleres de Achacachi, Ancoraimes y sus alrededores.

Chicos del Sanca, San Antonio, La Salle, Kennedy y otros,  vestidos de soldados. Algunos tenían pinta;  otros como el Soldado Chespirito, no le importaba su facha, pero tenía habilidades innatas para ser piloto. Le gustaba volar.

Cada noche sentía olor a mariguana dentro la cuadra. Había algunos que se metían un poro de macoña y las risas acaloradas entre sus frazadas, luego salían a contemplar el estrellado cielo altiplánico.

¿Qué vidita no? La mariguana, se había vuelto importante para algunos. No sé cómo la metían dentro el cuartel, pero siempre había gente, que se pasaban de dadivosos invitándote un jale.

Chespirito era el man de la hierba, todos sabíamos de sus habilidades, era tranquilo, bromista, inteligente y pasado al bando de lo irreal; su vida era una alucinación constante. Te hablaba como pastor, con voz pausada y suave,  me dijo en cierta ocasión.

¡ Esta noche nos van Jaripear cuate!, Osea, que estamos jodiiidos, esta información me la dio uno del escuadrón “E”.

Ya no soporto los jaripes- continuó- son una mierda estos antiguos, nos van a impulsar como la última vez, y estoy hecho mierda, me duele todo el cuerpo.

Pero, me confesó esperanzado- Tengo de la buena, si quieres nos vemos detrás de la cuadra para un Join. Sonreí y me alejé sonriente por su oferta. No le hago a la hierba, le manifesté.

Sin pensarlo más, creo que estuvimos diez esperando la ración de humo.

Era de la buena, según el experto, sentí que mis pulmones eran arañados por el humo que se  trepó por mis músculos, mi sistema nervioso estaba hiper activo, pero mis reflejos en cámara lenta.

Estuvimos formados en el patio de honor, Martinez, el sargento, dando cogotazos, haciendo volar quepis en cámara lenta;  estaba pasado con la famosa colombiana.

Comenzó el trote, el sonido de las botas parecía una orquesta, un zapateo español con ritmo, interminable como la tuna compostelana. Luego las cuclas que no sentía, mi cansancio era un placer, pues veía las caras desfallecientes, ojos saltones de ratón atrapado por la trampera, muecas de desesperación, y el teniente en medio del patio con una vara como director de  orquesta.

Aaalto el trote, basta, basta……. Ahora hablen carajo. ¿Quienes se han hecho chapar con el Coronel, cuando chorreaban?.

¡ Todavía haciendo Dedo, al mismo Coronel pelotudos!.

Algunas risas, que emputó más al teniente, éramos tan inocentes, que no sabíamos que el coche que iba a La Paz, era del dueño del cuartel; el mismísimo Coronel Arzabe Claver.

Ahora, nos tenían preparado una fiesta con los “Golpes”.

Nos palearon que daba pena, pero no sentía, era un dolor de cuerudo que se ríe de los palos.

Carajo te voy a enseñar a reirte, uno, dos, tres y risa, risa de empute y palos del Orureño, un antiguo abusivo, que demostraba sus instintos criminales a la perfección.

A mitad del  trote, comenzó a retumbar en mi cerebro, el ruido de las botas el eco de la voz del  teniente caramboleando,  en las paredes de mi pelada cabeza.

¡La patria tiene que vivir, aunque tengamos que morir! Gritaba;  luego algunos Cortos de rigor, sentí una patada en el trasero. No me dolió, luego un  palazo, sólo sentí el ruido,  seguí trotando, luego, vi caer a otro sarna en cámara lenta.

A momentos, escuchaba la voz de la cantante Janneth, con su voz sensual y  la grabadora en medio del patio de Honor: “ Cuando estoy con él, el tiempo me da igual. Cuando estoy con él……”

Estaba en la alucinación más perversa de mi vida.

Chespirito, trotaba feliz, se caía y se volvía a levantar como un tanque. Creo que nos sacaron brillo durante tres horas. Al final nos fuimos a dormir después de la fiesta con los Golpes.

Al otro día, vino el teniente Gandarillas y le increpó a Chespirito, porque alguien le informó que  en  nuestro escuadrón habían salido al Jaripe 10 sin control anti dopping. .

¡Oye Chespirito!, le gritó agriamente- dicen que eres un Kh´olo  no?

¡Kh´oroton! Te voy a regenerar a palazos - Sentenció amenazante el Cochabambino.

Yaaaaa, se raya mi teniente! Le contestó inocentemente.

Recibió, un buen palazo y se fue tranquilo Chespirito,  riéndose de la ocurrencia de Gandarillas….

A llorar al río

Ya que hablamos de humo, los antiguos, nos habían preparado unas casamatas hechas de tepes de césped, especie de adobes. Era una construcción semejante a una casa, sin ventanas.

Existía dos entradas, la primera puerta, justo para que la gente ingrese al arrastre en el fango y agua, la salida, te llevaba al otro extremo donde salía el torrente.

Estaba bien hecha la construcción; se esmeraron, luego pusieron viejas frazadas cubriendo, cualquier resquicio por donde  pueda ingresar aire o salir el gas.

Luego, el teniente nos habló en forma enérgica.” Nadie está libre de encontrarse con gases lacrimógenos en la vida militar y  civil; además,  deben saber sus efectos. Les recomiendo no ponerse nerviosos, tampoco respiren por la boca, contengan la respiración, etc. etc.

Al momento  una larga fila de nerviosos esperaba el momento, hasta que hicieron explotar varios tubos de  gas dentro la casamata.

Dieron la orden y todos a correr dentro.

Ese momento fue desesperante, estábamos retorciéndonos como víboras dentro la casamata; algunos se desconcentraron, se quedaron dentro atorados, los de afuera empujando queriendo entrar; algunos antiguos ayudando a salir tirando de las manos de los desesperados. Fue una experiencia dura, porque estábamos asfixiándonos, tosiendo y corriendo despavoridos, tratando de  tomar una bocanada de aire, algunos salieron medios desmayados, pero al fin vivos retorciéndose en el piso.

Estábamos completamente mojados, el barro había cubierto nuestro cuerpo y por efecto de la humedad, te ardían los ojos , todo el cuerpo te picaba, incluidas las bolas que dolían como si te hubieran pateado.

Volvimos de la instrucción impregnados de gas, todos estaban vomitando, creo que nadie comió esa noche. Pasamos una dura prueba, pero ya nos sentíamos con ganas de pasar la segunda vez que nunca se dio.

Mi Cochecito

¡Ah! Los antiguos con su carita de ángeles, pobres soldaditos decían las abuelas, tienen que estar en el frío y en el calor, y les daba “pancito” a los sufridos. En las calles, cuando están de franco,  son inofensivos; pero en su cuartel son unos desalmados y abusivos hijos de Caín.

Creo que sentí en carne propia su rabia y frustración, pues los soldados que sirvieron un año, nos trataron como a sus pongos.

Pero había dos o tres bachilleres de los antiguos que sacaban cara por nosotros, aunque también nos partían el trasero, para no perder autoridad con la mayoría aymara.

Cuando se les presentaba la oportunidad a mis antiguos aymaras, veía salir de sus ojos la furia racista de quinientos años, en su inconciente estaba que debían hacerse pagar con nosotros sus rencores de clase, pues algunos de sus tenientes y capitanes eran blancos, sus suboficiales y sargentos mestizos, que también canalizaban sus broncas con los soldados indígenas. Entonces, nosotros caímos como anillo al dedo, pagaban los blancoides y mestizos en uno solo; además eran nuestros antiguos, es decir nuestros superiores pues tenían grados de cabos y dragoneantes

Y el mejor momento para divertirse cruelmente con los sarnas era la noche. Es que estos antiguos, nunca estaban solos, siempre andaban  entre dos o tres, pues algunos Pres, los puñetearon y patearon en la oscuridad.

En la cuadra dormíamos en el suelo unos doscientos  y otros cincuenta antiguos, la mayoría aymaras, dormían en camas de pisos.

Por la noche,  cuando reinaba el silencio, comenzaba  la orquesta de la masturbación de estos antiguos. La mayoría eran cartuchos, y estaban esperando su licenciamiento para poder formar una pareja en sus comunidades o pueblos. Escuchábamos en silencio, hasta que algún Pre, les gritaba emputado: ¡ Ya, Silencio Pajeros”.

Esta vez se emputaron los antiguos, bajaron de sus camas, se pusieron las botas y comenzaron a caminar sobre nuestros estómagos, en una operación  sorpresa.

Prendieron las luces de sus linternas y el más cabrón de ellos el “Puro Machaca”, comenzó a seleccionar su cochecito, la víctima, un flaco que parecía ágil, que le serviría de ficha de apuesta.

Otro antiguo seleccionó al más rápido, hasta que éramos diez recibiendo instrucciones de nuestro DT.

La carrera consistía en ir al arrastre toda la cuadra. Si ganas la carrera me dijo, tendrás un pan extra. “!Puta! qué premio, pensé.

Todos dieron el espacio necesario para una carrera de panza. Sonó la orden, y cada uno hacía lo necesario como serpientes, poniendo todo el esfuerzo de codos, rodillas y piernas.

Cuando ya ibas lentamente por el cansancio, cada uno de los antiguos, para impulsarte te huasqueaban ( azotaban) con su cinturón, otros con una vara te daban en los glúteos como si fueras un animal.

¡ Qué pasa con este mi cochecito! No corre, y zas,  otro palazo, y otro hasta que por fin llegabas a la meta con el culo verde y sin poder levantarte.

Un Mono Enseñando Probabilidades

Algunos Pres, para distraerse, llevaron al cuartel el famoso cubo Rubick de colores que giran a todos los lados, con el único fin de igualar con movimientos bien pensados la policromía de este juguete de los ochenta.

El Mono, andaba hueveando con su cubo, hasta que apareció el sargento Heredia, sorprendido de la habilidad de nuestro as del cubo.

Al principio, Heredia observó callado, luego se acercó lentamente y se lo quitó de un tirón

-¿ De quién es esto? Sentenció Heredia.

- Mío mi sargento contestó  el Mono.

- Ahora de quién va a ser?

- De usted mi sargento.

Heredia se sentó, cerca al Mono que miraba al Sargento y le esbozó una sonrisa de Chita, y Heredia pensativo, también observaba sorprendido como un simio el cubo maravilloso.

- Enséñame Carajo. Quiero aprender en 10 minutos- gritó con energía-.

El mono, comenzó a indicarle. Dos vueltas a la derecha, una a la izquierda, luego tres nuevamente a la derecha, finalmente cuatro a la izquierda. Ve mi sargento, fácil no?.

Le tocó el turno a Heredia, respiró profundo y comenzó a mover los lados del cubo.

Dos a la derecha, una a la izquierda, tres a la derecha,. ¡ Puta Carajo !  y de un golpe en la cabeza del mono, le hizo volar el Kepí.  Furioso le gritó ¡Carajo mono! No sabes enseñar! .

Tienes cinco minutos para enseñarme pendejo-  le gritó a sus orejas quemadas por el sol.

Nuevamente el mono, ya asustado le gritaba, tres a la derecha, dos a la izquierda, volteas dos a la izquierda y ya está.

Otra vez, el sargento tomó en sus manos. Tres a la derecha, dos a la izquierda, volteo a la derecha nuevamente y ¡ Carajo mono!.  Me estás mamando, no sabes enseñar y le dio un golpe nuevamente en su cabeza, esta vez con el cubo.

Enséñame bien pues pelotudo! Y al rato el mono estaba al trípode siendo paleado por no saber enseñar.

Cuando finalmente se cansó de palearlo. Se fue frustrado el Sargento, pensando en su fracaso y llevándose el cubo a su dormitorio.

“ Lo que natura no da” el mono no presta” diría el mono, moviendo la cabeza,  parafraseando el dicho de Daniel Salamanca.

Golpeadorcitos desde el cuartel

Esas generaciones de Oficiales y Clases,  se habían formado en las  aulas de los dictadores, de la Operación Cóndor, de la Escuela de las Américas de Panamá y un rosario de experiencias torturando izquierdistas desde  René Barrientos( 1964-1967) , Hugo Bánzer ( 1971-1977) terminando en García Meza 1980-81.

Es decir,  tres generaciones que aprendieron de sus instructores la golpiza a sus semejantes;  sus víctimas, no tenían ni el derecho al pataleo, tal como decía Mariano Melgarejo.

Por ejemplo, había un Sargento de la escuela de Cóndores de Sanandita que nos citó a su cuarto, para platicar y reforzar “más su amistad”. Cuando nos presentamos entre seis o siete , comenzó a cortearnos sin motivo; luego nos hizo hacer flexiones, cuclas y palazos a diestra y siniestra. Cuando ya estábamos extenuados, nos pidió disculpas por su proceder y nos invitó papaya Salviety. Luego se despidió arrepentido, quedándose solo en su silencio de sus temores psicológicos.

El teniente Cardozo,  en nuestra primera  instrucción de tiro y después de haber disparado a la huevada, se emputó y nos hizo sacar las botas y calcetines, luego con una vara, comenzó a tirarnos 16 certeros palazos en las plantas y talones de los pies; según él para que se acuerden de su teniente, que no era una madre.

 El teniente Segaline, era el más cruel para los cortos. Te hacía mirar arriba, te ordenaba a silbar y de un golpe certero en la boca del estómago te dejaba desmayado.

Este oficial, se ponía un guante oscuro para su cometido, pues según él,  no quería ensuciarse sus manos con los Perros.

De los buenos

Gandarillas, era muy  correcto, pero sarcástico con los  Achacacheños.  No se cansaba de recomendarnos que nos cuidemos de ellos. Estos Wila Sacos, son famosos antropófagos nos decía y muy seguro de sus palabras.

Les gritaba a sus oídos “  Achacacheños, K`horotones ( Huevones en quechua), poncho rojos, come gente” cuidado con robarse fusiles. Si los pesco los mato”. Los tenía en jaque.

Era buena gente, cuerdo y galán de las dos birlochas que atendían  el casino, las  famosas “ Marraquetas” , ellas eran campo de tiro de los tenientes. Bueno, algunos ya deben ser Generales y las marraquetas deben ser ya allullas.

Tte. Pabón: Educado el hombre, no gritaba ni te paleaba, sólo te ponía al trípode;  era el más conciente con nosotros, tenía cursos de Ranger y era el primero en hacer las demostraciones de deslizamientos, paso comando y manejaba la ametralladora con facilidad asombrosa.

 El sargento Falcon: El más ágil de los sargentos, todo un gallito. Venía de un hogar humilde de Cochabamba, quería compartir con nosotros como amigo. Para él conocer chicas era su máxima aspiración. Los Domingos fuera del cuartel, cuando venían a visitarnos algunas amigas, salía orgulloso con sus chispeantes botas. En una ocasión le presenté a una amiga, se puso rojo como un tomate y comenzó a tartamudear, para luego dar media vuelta como soldado,  perdiéndose en los rincones de su timidez.

 Algunas Definiciones Nada Ortodoxas

 Cabo Policía: Antiguo que se ocupaban de la limpieza del cuartel. Cuando debían limpiar las letrinas, recurría a nosotros, para que hagan este fétido trabajo. Los que se resistían, más palo…

Furriel: Encargado del armamento. Soldado antiguo que no hacía nada. Excepto ver revistas pornográficas que tenía guardadas en su furrielato.

Peluquero: Soldado antiguo con leves conocimientos de estética y belleza. Te cortaba grada-grada. Si le pagabas unos pesos, se esmeraba y te dejaba uniforme la pelada.

 Cocineros: Soldados antiguos gordos y bien tratados. Expertos en preparar “Plato Especial” Fricasé de perro sazonado con pólvora.

 Calabozo.- Lugar frígido de 2 mts cuadrados. Lleno de antiguos fichas.

 Caballeriza. Lugar donde los caballos, tienen más valor que un soldado.

Tanques: De la segunda guerra mundial, oxidados por la intemperie. Cuando encendían la máquina, humeaba como tren y se movía un metro.

Bebedero: originalmente construido para que beban los caballos. En esa época servía para lavarse los pies, lavar platos y para robar toallas.

Carnicero: Encargado de filetear la mejor carne para llevarse a casa y dejarnos la cabeza la vaca  para alimento de los sarnas.

Patio de Honor.- Donde se forman los ciudadanos del futuro. A puro palo.

Plantón.- Lugar de meditación, cercano al mástil. Tiene la virtud, de que seas clarividente, pues tu verdugo quiere que veas las olas del mar. Es el castigo más aburrido “ Con vista al mar”

 

Sanitario.- Mago encargado de curar heridas, luxaciones, dolores de cabeza, irritaciones de la piel y diarreas, sin ningún medicamento, porque no tenía ni una aspirina.

Expansión espiritual.- Momento divertido para cantar, hacer teatro y boxear.

Perros.- Nombre científico de los Sarnas.

 Pre Militar: Bachiller  llevado al cuartel con engaños para  servir a la patria.  El padrino fue García Meza. A la conclusión ya estaba en el poder Celso Torrelio.

Antiguo: Soldado, Dragoneante o Cabo, orgulloso de su grado. Abusivo por naturaleza, sólo espera sobrevivir hasta que le entreguen su libreta.

Centinela: Antiguos haciendo guardia en las torres, a fin de que no chorreen o deserten los Pres.

Marraquetas: Birlochas que atendían el Casino de Oficiales. Según ellas, las más hermosas;  para los tenientes, su entretenimiento perfecto.

 Qués, qués qués.- Esta expresión, jocosa es muy utilizada por los Sargentos y oficiales.

“ Mi sargento” qués.!  Mi teniente!  Qués. Que en el léxico vendría a ser: Qué quieres, qué pasa.

 

¡ Subordinación y constancia! 

Viva Bolivia, hacia el mar,      Escorpiones Ahhhhh.

Listo se acabó.

 

ANÉCDOTAS DEL CUARTEL

  NI LA CUARTA PARTE DE LA SOMBRA DE LA COLA DEL PERRO Freddy Céspedes Espinoza Ya les reflexiones están por demás. Este libro no...