martes, 11 de abril de 2017
José Manuel Pando El Gran explorador de la selva
Freddy Céspedes Espinoza.
Uno de los hombres más importantes en el siglo XIX y principios de XX, fue el ex presidente José Manuel Pando. Este gran hombre, se preocupó como nadie de la región del Noroeste boliviano, norte de La Paz, el Beni, lo que hoy es el Departamento de Pando y la zona del Acre que se perdió en la guerra contra Brasil.
Pando, estuvo en esas selvas repetidas veces: haciendo estudios, otras descubriendo ríos y territorios; también estuvo en comisiones y puestos oficiales para tener conocimiento del gran potencial que encerraba en la extracción de la goma elástica.
Explorar y sentar soberanía en la tierra del caucho
El diez de agosto de 1892, marcó el inicio de su pasión por descubrir lo que Bolivia guardaba oculto y emprendió su expedición con 29 hombres cruzando Sorata, ascendiendo a los glaciares del Illampu y descender por la Cordillera Real a lomo de bestia , también caminando por cañones y barrancos peligrosos, para posteriormente embarcarse en frágiles callapos desde Mapiri con rumbo a Rurrenabaque.
Para el 20 de septiembre de 1892, ya estaban en el pueblo de Reyes y luego bajaron el río Beni hasta Riberalta.
Después de algunos días de descanso en dicha ciudad, comenzaron los preparativos para la expedición del río Madre de Dios.
Después de 22 días de navegación y estudios, se encontraron con un caudaloso río que desembocaba en el río Madre de Dios; hoy se conoce como el Río Heath.
Posteriormente, Pando y sus compañeros encontraron otro río caudaloso, que afluía al Madre de Dios, era el río Tambopata.
Con flechas venenosas los salvajes cobran sus víctimas.
Después de varios días de descanso, se propusieron explorar el río Heath y emprendieron marcha el 10 de marzo de aquel año y después de navegarlo durante 15 días, saltaron a tierra, devolviendo las embarcaciones al Madre de Dios, pues ellos irían por tierra hasta salir al río Beni y el Madidi.
Emprendieron la caminata por el Madidi desconocido, sin más indicaciones que la brújula y sus carabinas para cazar y alimentarse. La travesía por la selva virgen, sin los alimentos necesarios, rodeados de todo género de peligros, acechados por salvajes que les tiraban flechas, atacados por millares de animales ponzoñosos, con un clima infernal, enfermedades palúdicas y la lesmaniasis asechando al grupo , fue una de las hazañas más salientes de la vida del heroico Coronel Pando.
El 7 de abril, llegaron los expedicionarios al río Madidi- hoy un parque nacional- después de haber recorrido 144 km. a pié en trece días.
Pando y los expedicionarios continuaron por tierra y después de otros once días de viaje llegaron a Ixiamas.
Ya que estamos aquí, sigamos explorando
Nuevamente, bajó el río Beni, arribó el Orthon, hasta Puerto Rico, o sea la confluencia del del Tahuamanu y el Manuripi, empleando 26 días de navegación y un recorrido de 384 Km
En febrero de 1894, Pando, de Riberalta, emprendió viaje de regreso al interior de Bolivia por la vía del Brasil y la Argentina, y en esta última república publicó un libro con el nombre de “ Viaje a la Región de la Goma Elástica”.
Nunca se quejó de lo esforzado de su trabajo
Pando, estuvo en esa zona siete veces, en estudios y comisiones oficiales: en 1890, después de fracasada la revolución liberal.
En 1892, en compañía de Muller e Ibarra.
En 1895, como Comisario Nacional Delimitador de la frontera con el Brasil.
En 1897, con la expedición al Inambary, en compañía de Vernoux.
En 1903 como capitán General del ejército, siendo Presidente de la República, a combatir la revolución separatista del Acre, y en 1906, como Delegado Nacional en el Territorio de Colonias.
La región del Noroeste debe inmensamente al general Pando pues construyó caminos y edificios, fundó pueblos, y fomentó la navegación de casi todos los ríos.
Una estela luminosa de toda su personalidad ha quedado, el Departamento de Pando, este jirón patrio lleva su nombre en honor a este valeroso hombre. En 1917 murió asesinado.
FUENTES: EL DORADO BOLIVIANO. Chavez Medardo. 1926
DE LOS ANDES AL AMAZONAS. Aguirre Achá, José
“José Manuel Pando Solares nace en La Paz, en 1848. Fue presidente de Bolivia de 1899 a 1904. Comandó la segunda batalla en la Guerra del Acre, contra Brasil. Fue un gran explorador (los relatos de sus expediciones en el norte de La Paz fueron tomadas en cuenta por expertos en el tema) y su gran aporte fue integrar al norte del país. Por ello, el departamento de Pando recibe su nombre”
domingo, 2 de abril de 2017
El Estaño oro de Bolivia
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| Cuando el Estaño era oro de Bolivia |
UNCIA Y LLALLAGUA 1882-1924. ARANCIBIA ANDRADE, Freddy
EL MACIZO BOLIVIANO. Mendoza, Jaime.
DE MI TIERRA. RODRIGO, Saturnino
lunes, 27 de marzo de 2017
Carlos Franck, el rico alemán de la goma, la quina y el oro
Emilia Eyzaguirre Rivert
Franck encontró el paititi y lo convirtió en libras esterlinas
Freddy Céspedes EspinozaMe encontraba nuevamente uno de los buses públicos que van haciia ese sector tan alejado.
El árbol del caucho crecía en las orillas del Tuichi, Ixiamas, Rurrenabaque y lo que hoy llamamos el Alto Madidi en medio de pumas y pantanos infectados de caimanes y mortales enfermedades tropicales.
miércoles, 22 de marzo de 2017
La fuga de la Isla de Coati
Freddy Céspedes Espinoza
Después del golpe de 1971, el Coronel Banzer, decide reabrir la Isla de Coati, llamada también hoy Isla de la Luna, como centro de reclusión desde los años cuarenta.
Era
tanta la demanda de cárceles para los “Melenos o comunistas” que los políticos fueron llevados a la isla por decenas a fin de
tenerlos en medio del lago, sin acción ni reacción.
Isla en medio del lago mayor, frente a la Isla del Sol y la península de Yampupata, fué la Alcatráz de los Andes para los delincuentes en los años cuarenta y durante la dictadura de Banzer reabierta para detener a los opositores.
Después de permanecer por mucho tiempo
aislados, setenta prisioneros de Coati decidieron planear la fuga, muy comentada en ese tiempo por su
espectacularidad.
Después de tomar presos a los custodios y al
mismo jefe o Gobernador, cruzaron desafiando al lago en un desbande
masivo, cruzando cerros, riachuelos, terrazas de agricultura, desniveles
geográficos; todo en cuestión de horas y como únicos cómplices, las
sombras de la noche que no dejaban ver más de un metro.
Se inicia la fuga
¡Oh
fútbol! Cuántas cosas sucedieron en tu nombre; era un partido
programado relata un ex prisionero, mi pensamiento era sólo la fuga.
Escuché que la pelota rebotaba hacia un lado, era el momento...
Los
centinelas de la parte superior del cerro, fueron reducidos en un
instante, los guardias de la cocina corrieron la misma suerte; algunos
se arrodillaron pidiendo perdón, pero la fuga ya era un hecho.
Crucé
hacia Zampaya, la débil embarcación se retorcía por las olas del picado
lago; observaba detenidamente los viejos andenes de agricultura con sus
sembradíos de papa, maíz y cebada que me sobrecogían el alma, tanta
belleza en una amalgama perfecta con la cordillera y el lago mientras
tanto sólo en mi mente estaba llegar al Perú, pero no a través del lago,
le teníamos mucho miedo y respeto a esa masa de agua que tiene en su
vientre muchas personas.Ya en Sampaya, salté de la embarcación.
Con mis cuarenta
años yo Efrain N, maestro de escuela en Oruro, sin conocer la zona,
seguía al grupo entre empellones y caídas, trataba de no apartarme del
grupo, sentía que alguien se aferraba a mis cinturones para que lo
ayude, pero me cansaba más, me zafé no sé quién era, pero mi meta era
llegar donde sea, pero ya no más Coati.
El miedo a ser recapturados
La
noche cayó, ya no se veía la Isla maldita, sólo escuchaba la
respiración pausada de mi acompañante circunstancial, “el miedo”, que
no se alejaba, la tenía incrustada en la garganta que no me dejaba
respirar.
Mi miedo se reía de mi suerte, yo con voz pausada le
decía que me deje en paz, pero se quedaba, me cubría el cerebro, cada
piedra era un monstruo que me seguía.
No veía nada, sólo siluetas,
estaba en el averno de Dante, grotescas figuras que caían y se
levantaban, el teatro del infierno hecho fuga. Habían corajudos,
cobardes y niños en cuerpos de hombres que lagrimeaban, el miedo de cada
uno salían de sus bocas en cada palabra que cruzaban en las frígidas
montañas.
¡Apúrate carajo!, estamos jodidos si nos descubren,
tenía miedo a que aparecieran los gorilas y nos ametrallen; no habría
justificativo, después de todo era para la dictadura una gran
oportunidad para deshacerse de un grupo de presos políticos, que se
atrevieron a escaparse por sus narices.
Crucé
Copacabana, ahí estaba quieta la colosal iglesia, pedía a la virgen que
me acompañe, después de mucho tiempo, me sentí más tranquilo, ya
estábamos a sólo diez kilómetros de la libertad, pero mi miedo bajó a
mis pies, se introdujo a mis muslos y pantorrillas, me hacía temblar a
cada paso que daba, sólo quería llegar, era la última carrera hacia una
meta que no llegaba, corría, trotaba, caminaba y me detenía, llegué
incluso a tirarme en el duro paisaje para observar la muerte, pues
sentía que ya no podía, éramos puntos insignificantes entre las montañas
y la inmensidad del lago que me inspiraba coraje, sin darme cuenta,
corría y corría sin rumbo, hasta que alguien me paró y me dijo con voz
tranquila: Ya cruzaste la frontera, estás libre.
Después volamos a Cuba, Coati, ya era un recuerdo la fuga fue todo un éxito.
Tomás Chipana el lanchero de la Isla del Sol, que ayudó a la fuga de los presos. Me comentó hace años y con lujo de detalles su aventura, junto a otro valiente lanchero Pablo Rojas.
Fuentes:
Jaime Soria Galvarro, Coati 1972, relatos de una fuga,.
martes, 21 de febrero de 2017
La monja espadachín
sábado, 18 de febrero de 2017
El compañero Mamani
Freddy Céspedes Espinoza
Allá por los años 82-83-84 las marchas y los dinamitazos cobraron fuerza descomunal en las calles de La Paz, con el estallido y destrucción de adoquines que tachonaban las calles empedradas.
El descontento contra el gobierno de Hernán Siles Zuazo era pan de todos los días, era imposible parar la crisis.
Su gobierno seguía emitiendo papel moneda sin respaldo económico para acallar los estómagos de la gente, que se retorcían por la escasez de alimentos. Tocamos fondo con 25.000% de inflación.
Los jóvenes de entonces, debían soportar la crisis haciendo cola desde las 2 de la mañana hasta las seis para diez panes. No había carne, aceite, huevos, verduras; tampoco buenos sueldos; con mi primer emprendimiento empresarial de venta de balas de revolver, me compré un jean.
Había tal demanda de proyectiles argentinos, que un amigo me vendía balas al raleo, que los financiaba rápidamente, ya que existía demanda de potenciales suicidas para acabar con su vida.
¡Carajo! la crisis y el gobierno hambreador de la UDP Y EL MIR, ni se inmutaban.
Se acuñó la frase “ Gobierno hambreador”, todos repetían; los dirigentes sindicales, los troskos, los políticos, los mineros, los fabriles hasta el compañero Mamani.
Pero ¿quién era este singular personaje?
La primera vez que lo vi fue en una marcha de la COB, iba al frente de todos, y era el que primero recibía la furia de los pacos. Pero aún así les gritaba sus verdades como: " Pacos Calamarqueños" haciéndoles recuerdo de su pasado gansteril, cuando el comandante, era cabeza de un asalto a la remesa de sueldos de los mineros, allá por los años sesenta,
Y seguía gritando contra el gobierno, contra los militares, a quienes llamaba gorilas, contra los burgueses, contra los animales con corbata, así los llamaba a los burócratas; contra los fascistas, contra los traidores del partido Comunista, contra todos; es decir nadie se salvaba.
El Atrio de la UMSA era su palestra. Desde la altura de la puerta principal, arengaba su discurso, cual Lenín Aymara, y los jóvenes solíamos quedarnos a observar, apoyar y aplaudirlo, entre sonrisas.
Nos quedamos extasiados para estudiar su comportamiento y su léxico bien utilizado, aprendido de los discursos de Marcelo Quiroga Santa Cruz, Jaime Paz o de los pícaros oradores de la nada.
Hasta parecía el próximo candidato presidencial, manejaba muy bien el manifiesto comunista, citas del Capital de Marx, y la revolución del proletariado.
Descansaba, tomaba aire cual pensador; y retomaba la arenga contra el imperialismo Yanqui, contra el Che y contra todo lo que consideraba ser enemigo de la clase obrera.
Era de complexión delgada, su corte de cabello era a tijera libre, llevaba un saco corto de mangas, un pantalón de terno y tennis, que esa época eran conocidos como Kids con caña.
Ese era mi orador, el compañero Mamani.
Ya no está más entre nosotros, me dijeron que se murió hace mucho tiempo.
Sus discursos fueron copiados por muchos y no respetaron derechos de autor; algunos no le cambiaron ni una sola coma, sus pensamientos siguen vigentes en la actualidad y hay seguidores del mismo, que me hizo recordar a este singular personaje.
Se perdió, el candor de las marchas, pues marchaba al frente de la COB, llevando su gigante pancarta, animaba, gritaba, se desgañitaba por su ideal socialista.
¡El compañero Mamani, estaba loco!...
viernes, 17 de febrero de 2017
El fantasma del río
Freddy Céspedes Espinoza
Bolivia es un país atractivo para los fotógrafos de todo el mundo por su diversidad paisajística y antropológica, despertando interés a los profesionales de la fotografía para retratar un Aymara fornido, un Chimán semidesnudo o un wanayek del Chaco en el Pilcomayo.
El objetivo era claro, debíamos recorrer el país durante un mes, fotografiando a seres humanos que no hubieran tenido un contacto con lo Occidental, que hayan mantenido sus valores y conocimientos ancestrales impolutos, que su vestimenta sea de interés y los rostros también, puedan ser publicadas en una revista comercial a nivel mundial.
Es que la comercialización de la cultura, los rostros humanos y la globalización de los medios, han convertido a la fotografía en un buen negocio manejado por transnacionales a través de las diferentes revistas impresas y de las nuevas tecnologías.
Recorrimos el país, visitamos comunidades Aymaras alejadas, el común denominador, era que ya no utilizaban el poncho en su vestimenta, habían cambiado por la chamarra acompañada de una gorra deportiva Nike.
Las mujeres hablaban por celular; es decir que ya no existía Aymaras hombres, que guarden su vestimenta, pero sí estaba latente el valor genético de su dureza somática y sus viejas organizaciones de comunidades y Ayllus. El Aymara dirigente de sus comunidades, se había convertido en líder político.
Ya no se podía tomar fotografías reales, sólo nos limitamos a decir; que la globalización había hecho estragos en las culturas; me dio la razón la realidad.
Estuvimos en El Altiplano, en los valles de Cochabamba y Sucre, en el Chaco, en Ibibobo, en Villamontes y terminábamos el trabajo en Arque, una población cochabambina a orillas del río del mismo nombre.
El nombre del fotógrafo de la National Geographic era Atila, hombre fornido y joven de unos cuarenta años, llevaba una barba rala y una larga cabellera que le caía sobre las espaldas que la controlaba mediante una cola.
Atila fotógrafo, era descendiente de Atila, el bárbaro de los Uhnos, que habían arrasado Europa. Procedía de la lejana Hungría, iba cámara en mano por los rincones más difíciles, hasta que llegó Semana Santa para la solemne misa en Arque; posteriormente, decidimos ir a explorar por el cañadón del río, en una interminable planicie de lodo seco y piedras centenarias que fueron arrastradas por los turbiones.
Las viejas rieles del ferrocarril estaban suspendidas por los aires, por debajo de ellas corría el río. Un pueblo hermoso con ceibos y flores, gente tranquila; fue uno de primeros pueblos fundados por el José Antonio de Sucre en 1827.
Subimos por el río una hora, Atila, su novia, el chofer Mario y yo hasta encontrar las conocidas aguas termales que nos recomendaron en el pueblo. Disfrutamos por un largo momento.
Ya al retorno el cañadón comenzó a oscurecer más rápido que los cerros, donde todavía se podía ver un sol anaranjado.
Un viento helado corría suelto a través de la planicie del río formando pequeños tornados que aparecían y se esfumaban cuando ascendían unos cuantos metros.
Un viento helado recorrió mi espinazo, y decidí ir adelante, detrás Mario, Monika y Atila que se había retrasado; tal vez con ganas de estar solo, para ir al baño.
Así recorrimos 500 metros y ya casi caía la noche. De pronto oí gritar a una persona, era un grito de terror.
Seguí el paso, luego aceleré y por detrás mis acompañantes; Atila no aparecía, en fin nadie se perdería en un río y Arque estaba sólo a un kilómetro y las luces del pueblo, ya parpadeaban tímidas a las sombras de la noche.
Llegamos al Pueblo, pero Atila no aparecía, me entró una corazonada y decidimos volver al encuentro del barbudo. Pensé que tal vez lo habían asaltado por quitarle su cámara; así que aceleré el paso y mis cabellos se erizaron al escuchar nuevamente un grito de terror, luego otro, y otro….Estaban matando a Atila.
Oí voces, jadeos gritos y más gritos, corrí armado de una inmensa piedra en la mano, era el instinto más primitivo de defensa que llevamos en el inconsciente colectivo los hombres. Corrí y al dar la vuelta a una vieja casa que el río se había llevado, vi a Atila ensangrentado gritando y peleando con la sombras. Tomó su cuchillo y al intentar dar un último golpe se había herido el brazo.
¡ Atila, Atila grité! Mónika venía por detrás sollozando desesperadamente. De pronto paré en seco, Atila me miró, hizo el ademán de atacarme y cayó desmayado al piso.
Corrí y lo desarmé. Ya pasó, ya pasó le dije y comenzó a lagrimear como un indefenso niño.
¿ Qué pasó Atila?, despierta, reacciona Atila que pasó, estás herido.
-Quiso pararse y se lo impedí con todas mis fuerzas. Me dijo: - están allí, allí, ves, son los dos militares que quisieron matarme. ¿ Dónde?. ¡ Allí allí. se están alejando con sus chamarras los militares. Los militares
No hay nada Atila, están allá y nos miran me contestó tembloroso.
¡Están allá musitaba, están allá, están allá repetía mientras caminaba apoyado en mí brazo, como si estuviese completamente borracho. ¡ Están…..
Recorrimos unos doscientos metros, y nuevamente un extraño frío recorrió mi cuerpo, Atila ya algo más tranquilo me dijo, ya no están, ya no están; se fueron.
Di la última mirada y con espanto descubrí una gran cruz de madera en las márgenes del Rio. Era el lugar donde cayó el helicóptero y murió ex presidente del país René Barrientos Ortuño en 1969.
!Atila nunca más volvió a Bolivia!
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