miércoles, 15 de julio de 2026

Pedro Domingo Murillo y la revolución de 1809


Revolución de Julio de 1809

Freddy Céspedes Espinoza

El gran movimiento revolucionario había creado en La Paz sus figuras centrales, héroes de carne y hueso que entregaron su vida para su perpetua memoria.

Catacora, Bueno, Sagárnaga, Graneros, Figueroa, Jaen y tantos otros que La Paz los recuerda en sus avenidas principales; por lo tanto, había que  celebrar esta primera revolución que dio inicio a la revolución de América.

Mujeres ataviadas, caballeros ilustres de la sociedad paceña se dirigían por las estrecha calle Chirinos hacia el salón de actos públicos del Loreto.

El gobierno de José Maria Achá en pleno, representante de las legaciones amigas saludando a los amigos daba el marco para que después de un silencio prolongado,  procedan a recitar la composición poética de  Ricardo Bustamante.

Seguidamente, el maestro Eloy Salmón vistiendo impecablemente, dirigió el coro general con bellas señoritas de la sociedad paceña y el acompañamiento de la banda musical del batallón 2.

Fue el inicio de esa amalgama perfecta de sentimiento, patriotismo y armonía que dio el inicio del himno oficial de La Paz, cantada a todo pulmón desde 1863.

La Paz, que en este día

De Julio se engalana.....

Con timbres de que ufana

Recuerda el esplendor

Patriótica armonía

De pueblos cuya historia

Ligada está a la gloria

De su ínclito valor..........etc..

Del timbre de su fama

la América en un templo

conserva para ejemplo

de honor y virtud

Como verán, ya muy pocos conocen toda la letra  de la canción original y que hoy  sea motivo para recordar algunos de los fragmentos y su historia. 

Hay que combatir la revolución

“Llegó el día del martirio. El apóstol de la revolución debía y tenía que expiar su audacia en el suplicio para que su obra surgiera.

Murillo vestido con un saco burdo de bayeta blanca, arrastrado a la cola de un asno, conducido por el verdugo, llegó hasta el pié del cadalso. Al subir a él, ese genio del destino se irguió; echó a la espalda la capucha del saco de miseracordia y con una voz clara y distinta, que se dejó oir por todos, el apóstol transfigurado en profeta profirió estas cortas palabras: - “La tea que dejo encendida nadie podrá apagar”.

Pasó a la historia como un grande, pero sus detractores aparecieron para enlodar este hito histórico  y descabezarlo después de muerto.

Pedro Domingo Murillo, nacido en la Paz en 1757, no era “ Hijo de Cura” como dijeron los enfermizos enemigos. Sus padres fueron Juan Murillo Mena y doña María Asensia Carrasco.

También lo tildaron de un “ Caudillejo, populachero y vulgar”; sin embargo, fue un personaje de gran influencia moral, pues era abogado y su nombre figura inscrito en la Universidad Francisco Xavier.

También lo acusaron de defensor de la ciudad de La Paz en el cerco de Tupak katari en 1781, pues era Capitán de Milicias reales y sólo cumplió con su deber

Se lo tildó de papelista, pues él era el autor de algunas de las redacciones en los pasquines ¡ Muera el Rey de España!. Murillo fue  un hombre probo y escrupuloso y no faltarán todavía algunas voces que quieran enlodar su grito americano.

Fuentes:

 Salinas José. Desagravio a Pedro Domingo Murillo.

Sotmayor, Ismael. Añejerías paceñas.

Gutierrez, José Rosendo. Memoria histórica sobre la Revolución de 1809

Pedro Domingo Murillo y la revolución de 1809

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